La dignidad humana en la era nazi: implicaciones para la bioética contemporánea

Traducción: Alejandro Field

 

Sinopsis

Trasfondo

La justificación de programas nazis que involucraban la eutanasia involuntaria, la esterilización forzada, la eugenesia y la experimentación humana estuvo fuertemente influida por ideas sobre la dignidad humana. El desarrollo histórico de estas ideas deben ser examinadas hoy, porque las discusiones sobre la valía y el valor humanos son inherentes a la ética médica y la bioética. Debemos aprender lecciones de cómo la dignidad humana llegó a distorsionarse tanto a fin de evitar la repetición de distorsiones similares.

Discusión

El darwinismo social fue la principal filosofía que impactó las ideas de la dignidad humana en las décadas que llevaron al poder nazi en Alemania. La teoría evolucionista de Darwin fue aplicada rápidamente a seres humanos y a la estructura social. La expresión "supervivencia del más apto" fue acuñada y considerada como aplicable a los humanos.

La creencia en la dignidad inherente de todos los humanos fue rechazada por los darwinistas sociales. Autores influyentes de ese tiempo proclamaban que la valía y el valor de un individuo debían ser determinados funcionalmente y materialistamente. La popularidad de estas ideas preparó ideológicamente a los médicos y enfermeras alemanes para aceptar las políticas sociales nazis que promovían la supervivencia sólo de los humanos más aptos.

Un estudio histórico revela cinco presupuestos generales que impactaron fuertemente la ética médica de la era nazi. Estas mismas cinco creencias están siendo promovidas de distintas formas en el discurso bioético contemporáneo. Las controversias éticas que rodean a los embriones humanos giran alrededor de determinaciones de su condición moral. Las presiones económicas fuerzan a los individuos y a las sociedades a examinar si la vida de algunas personas ya no vale la pena ser vivida. La dignidad humana vuelve a considerarse como un atributo relativo que se encuentra sólo en ciertos humanos, y no como algo inherente. Estas ideas impactan fuertemente lo que se considera como aceptable dentro de la ética médica.

Resumen

Se examinarán cinco creencias básicas del darwinismo social a la luz de su influencia sobre las discusiones actuales en la ética médica y la biomédica.

La aceptación de estas creencias durante la era nazi resultó destructiva para muchos humanos. Su aceptación generalizada hoy conduciría, de forma similar, a mucha muerte y sufrimiento humanos. Se requiere una ética diferente que considere a la dignidad humana como inherente a todos los individuos humanos.

Trasfondo

El 60º aniversario de la liberación de los campos de concentración nazi ha atraído la atención nuevamente a algunas de las horas más oscuras de la humanidad. La medicina y la enfermería en la era nazi siguen generando atención y reflexión, en parte porque exigen que, como humanos, examinemos quiénes somos y por qué pensamos que tenemos importancia. Las respuestas afectan profundamente nuestra ética y cómo nos tratamos unos a otros.

Parte del rompecabezas desconcertante creado por las atrocidades nazis es cómo profesionales entrenados de la medicina y la enfermería en una sociedad moderna y civilizada pudieron haber permitido lo que ocurrió. Médicos y enfermeras, dedicados a cuidar a otros seres humanos, observaron mientras quienes habían sido entregados a su cuidado eran maltratados y muertos. Peor aún, algunos de esos profesionales participaron en actividades antiéticas y criminales. ¿Cómo pudieron haber hecho esto?

La búsqueda de una respuesta debe ahondar en las creencias subyacentes y sostenidas comúnmente en ese tiempo. Esta investigación es crucial porque, si aquellas creencias vuelven a prevalecer, debemos preguntarnos si podrían ser seguidas por el mismo comportamiento inescrupuloso. Los orígenes de las atrocidades nazis no se encuentran en los campos de concentración establecidos por una dictadura totalitaria. Están arraigados en creencias promovidas por filosofías y prácticas sociales específicas que comenzaron en hospitales.

La ética suele centrarse en cómo decidimos lo que es ético en un caso específico o en cierto tema. La ética debe examinar también de dónde provienen las creencias subyacentes que impactan esas decisiones. Los programas nazis de eutanasia involuntaria, esterilización forzada, eugenesia y experimentación humana fueron influidos fuertemente por ideas acerca de la dignidad humana que estaban en boga en ese tiempo. Estas ideas habían sido popularizadas en Alemania y gran parte del mundo occidental desde las últimas décadas del siglo XIX. Ayudaron a producir el rechazo de ideas previamente dominantes como el valor y la dignidad inherentes de toda vida humana. Se promovieron y aceptaron otras creencias, conceptos como vidas que no valen la pena ser vividas, razas no aptas para reproducirse y la eliminación de los no aptos. Hitler no dijo nada que no hubiera sido afirmado repetidamente en círculos académicos y populares cuando escribió en Mein Kampf:

"El estado tiene la responsabilidad de declarar como no apto para propósitos reproductivos a todo el que esté obviamente enfermo o sea genéticamente deficiente... y debe seguir adelante con esta responsabilidad implacablemente, sin tomar en cuenta la comprensión o falta de comprensión de persona alguna".[1]

Una de las fuentes más influyentes de estas ideas fue el libro de 1920 de Binding y Hoche, académicos respetados de la medicina y el derecho. Se preguntaron: "¿Hay vida humana que ha perdido tan completamente su derecho a la valía que su continuación ha perdido para siempre todo valor, tanto para el portador de esa vida como para la sociedad?".[2] Su respuesta, así como la de muchos científicos y académicos médicos, fue un "sí" inequívoco. El principal texto de genética humana alemán de ese tiempo contenía muchos términos racistas, describía a los judíos negativamente y abogaba por el infanticidio de los bebés discapacitados.[3] Sin embargo, recibió críticas unánimemente positivas en publicaciones médicas y científicas de muchos otros países, y pasó por cinco ediciones antes de 1940. Uno de sus autores afirmó que contenía los aspectos esenciales de la cosmovisión nazi, y Hitler usó frecuentemente expresiones directamente del texto. Binding y Hoche no estaban solos cuando proclamaban:

"Hubo un tiempo, hoy considerado bárbaro, cuando eliminar a quienes nacían no aptos para la vida, o que luego se hubieran convertido en tales, se daba por sentado. Luego vino la fase, que continúa hasta el presente, en que, finalmente, preservar su existencia, no importa cuán desprovista de valor, representaba el valor moral más elevado. Llegará una nueva era –operando con una moral superior y con gran sacrificio- que terminará dejando de lado los requisitos de un humanismo exagerado y la sobrevaloración de la mera existencia".[4]

La "fase" a la que se referían era la era cristiana. Los proponentes de este "nueva era" incluían frecuentemente ataques a esta ética occidental por su cuidado y compasión de los débiles y los enfermos. La idea de que toda vida humana tiene dignidad inherente fue reemplazada por la de que algunas vidas humanas no valían la pena ser vividas y debían ser eliminadas.

Dilucidar las muchas influencias filosóficas sobre Hitler y el nazismo está plagado de dificultades. Sin embargo, un consenso creciente sostiene que en el corazón de estas ideas estuvo el desarrollo de una política social basada en los principios de la evolución darwiniana, lo que se conoce como darwinismo social. La definición de darwinismo social varía considerablemente, en parte porque los darwinistas sociales a menudo han sostenido distintos puntos de vista sobre muchos otros temas. Sin embargo, una definición útil es provista por Hawkins, que concluye que la mejor forma de ver al darwinismo social es como una cosmovisión que consiste de cinco presupuestos entrelazados.[5] Él explica la diversidad de puntos de vista sobre algunos temas ideológicos que se encuentran entre darwinistas sociales como producto de las indeterminaciones de la cosmovisión misma. Éstas permiten que la cosmovisión sea compatible con una amplia gama de posiciones sobre muchos temas. Las creencias que Hawkins encuentra entre los darwinistas sociales son las siguientes:

(i) las leyes biológicas rigen toda la naturaleza, incluyendo a los humanos;

(ii) el crecimiento de la población pone presión sobre los recursos, lo cual genera una lucha por la existencia;

(iii) los atributos físicos y mentales que confieren ventajas competitivas en esta lucha pueden difundirse entre la población mediante la herencia;

(iv) la selección y la herencia llevan a la aparición de nuevas especies y la extinción de otras;

(v) todo lo anterior se aplica a la cultura humana y, por lo tanto, el pensamiento humano, la religión, la psicología, la política y la ética han evolucionado mediante la selección natural.

Hawkins sostiene que las primeras cuatro creencias pueden sostenerse sin que alguien sea un darwinista social, pero el agregado de la quinta creencia es crucial para cualquier definición de darwinismo social. Estas creencias se explicarán con mayor detalle cuando examinemos las principales influencias en el desarrollo del darwinismo social.

Si bien reconoce la limitaciones de cualquier definición, el centro de este escrito estará más en el impacto del darwinismo social en Alemania, especialmente su impacto sobre las ideas de la dignidad humana. La particularidad de Alemania fue que estas creencias fueron impuestas por un régimen totalitario.[6] A la vez, debe reconocerse que muchas otras creencias influyeron en la ideología y las posiciones éticas que terminaron siendo promovidas por Hitler y los nazis.

Las influencias del darwinismo social sobre la ética médica deben ser examinadas cuidadosamente, porque la sociedad occidental está actualmente enamorada de muchas de estas mismas creencias. No se rotulan como tales y suelen ser promovidas independientemente. Pero las ideas mismas están ahí y ya están impactando el pensamiento actual dentro de la ética médica y la bioética.

Cualquier intento de trazar conexiones entre el Holocausto nazi y el debate bioético contemporáneo debe hacerse con cuidado. Demasiado a menudo se hacen conexiones que son tenues, en el mejor de los casos, y completamente erróneas, en el peor de los casos.[7] Hay quienes afirman que es imposible sacar ninguna lección significativa de lo que fue, en esencia, una "avidez irracional por el asesinato".[8] Cualquier mención del Holocausto puede hacer surgir tantas emociones que la discusión racional se vuelve difícil.[9] Algunos se ofenden al pensar que algo hoy pudiera compararse con el Holocausto, ya que se lo considera como el ícono del mal absoluto. Pero existen similitudes entre algunas de las prácticas realizadas por los nazis y prácticas que se están debatiendo actualmente. Hay quienes enfatizan estas similitudes, mientras otros se centran en las diferencias para evitar toda conexión. Suele afirmarse que "entonces no es ahora, y allá no es acá, y ellos no son nosotros".[10] El supuesto es que nosotros jamás podríamos hacer lo que hicieron ellos.

Sin embargo, eran personas como nosotros. Parte de la angustia interna de examinar el Holocausto viene de preguntarnos si nosotros realmente podríamoshacer lo que hicieron ellos. Algunos dicen que los nazis eran completamente psicópatas. Otros discrepan, como Elie Wiesel, quien escribió que: "Ellos no pensaban que lo que estaban haciendo estaba mal. Estaban convencidos de que lo que hacían estaba bien".[11] Pensaban que estaban haciendo lo mejor para la humanidad o, al menos, para su Volk. Entonces y ahora, las preguntas formuladas eran las mismas. "¿Quién vivirá y quién morirá? y ¿quién pertenece a la comunidad que tiene derecho a nuestra protección? Entonces y ahora, el caso en cuestión es matar, y dejar morir, y ayudar a morir, y usar a los muertos".[12] Entonces y ahora, argumentos similares basados en cosmovisiones similares se usaron para justificar prácticas controvertidas.

Este escrito no intentará evaluar la ética de prácticas como la eutanasia haciendo analogías entre el presente y la era nazi. Más bien, analizaremos algunas de las creencias que yacían en las raíces de la ideología nazi, y mostraremos paralelos con el pensamiento bioético contemporáneo. Antes que podamos estar demasiado seguros de que no repetiremos los errores del nazismo, debemos examinar las creencias que los llevaron a ellos a hacer lo que hicieron a otros humanos. Esto nos llevará primero a los orígenes del darwinismo social y cómo impactó las ideas de las personas acerca de la dignidad humana.

Discusión

Principales influencias

Para entender cómo afirmaciones como las ya citadas pudieron haber sido aceptadas por alguien de una profesión dedicada al cuidado debemos considerar algunas de las principales creencias ideológicas que influyeron en el desarrollo del darwinismo social. Algunas de estas influencias impactaron a Charles Darwin mismo mientras desarrollaba su teoría de la evolución natural mediante la selección natural. Otras, impactaron a quienes tomaron la teoría de Darwin y la aplicaron a políticas sociales y éticas.

El darwinismo social es una forma naturalista de ética evolucionista. Buscaba reemplazar los sistemas éticos previamente dominantes de fines del siglo XIX, basadas en sistemas de ética trascendente, como el judeocristianismo, o sistemas filosóficos, como la deontología de Emmanuel Kant. La idea de que la naturaleza y la ciencia pudieran hacer una contribución significativa a la política ética y social representaba un cambio importante en el pensamiento.

Malthusianismo

Durantes los siglos XVII y XVIII se proponían regularmente nuevas políticas sociales para combatir problemas como la pobreza. A pesar de la nueva riqueza de la industrialización y la colonización, la pobreza seguía siendo un problema importante que conducía a la implementación de diversos programas sociales.[13] Thomas Robert Malthus (1766–1834) propuso uno de estos enfoques nuevos y polémicos basado en observaciones biológicas de que las poblaciones animales crecían consistentemente por sobre la alimentación disponible. "La causa a la que aludo es la tendencia constante en toda vida animal de aumentar por encima de la alimentación preparada para ella... La necesidad, esa ley omnipresente de la naturaleza, las restringe dentro de los límites prescritos".[14] Concluyó que las leyes deficientes estaban haciendo más mal que bien y deberían ser abandonadas, dejando que los pobres asumieran la responsabilidad por su propia condición.

Malthus, por lo tanto, planteó la posibilidad de que el crecimiento continuo de la población no era ni natural ni necesariamente bueno. Concluyó que, si bien dar asistencia a los pobres parecía ser la respuesta humanitaria, no era la respuesta correcta. Su biógrafo notó que la avalancha de críticas que recibió lo convirtió en el "hombre más denostado de la era".[15] Charles Darwin reconoció posteriormente que Malthus influyó fuertemente en su pensamiento. Sin embargo, en un sentido más general, estableció el fundamento de una visión de la ética basada en la observación del comportamiento biológico (la ciencia) más que en la filosofía o la teología.

Herbert Spencer

Herbert Spencer (1820–1903) es considerado "el escritor más influyente de su tiempo sobre la filosofía general y el lugar del hombre en la naturaleza. Cuando murió, era el filósofo más famoso y más popular de su era, y era considerado por muchos como un ‘segundo Newton’".[16] Más popularmente, su contribución más famosa y duradera tal vez sea haber acuñado la frase "la supervivencia del más apto". Derivó esta frase de la reflexión filosófica y no de la observación científica, seis años antes que Darwin publicara El origen de las especies.[17]

Spencer creía firmemente en el carácter progresivo de la evolución, y enseñaba que la "supervivencia del más apto" debía ser la regla para la sociedad. Sin embargo, se desilusionó con las políticas sociales que consideraba que alejaban a la sociedad de su ideal. Comentó en 1884 que, a pesar de que la "verdad" de la "supervivencia del más apto" era "reconocida por la mayoría de las personas cultas... ahora, más que nunca en la historia del mundo, ¡están haciendo todo lo que pueden para promover la supervivencia de los menos aptos!".[18]

Spencer rechazaba la idea de cuidar de los pobres y los enfermos. "La pobreza de los incapaces, las penurias que sufren los imprudentes, el hambre de los ociosos y el apartamiento a un lado de los débiles por los fuertes... son los decretos de una benevolencia grande y previsora".[19] Spencer se convirtió en defensor de políticas que ayudarían a sobrevivir sólo a los más aptos. Las ideas de Spencer diferían radicalmente de las ideas predominantes en las profesiones del cuidado de la salud de que los enfermos, los discapacitados y los débiles debían ser cuidados debido a su debilidad y vulnerabilidad.[20] Esta clase de creencias estaban basadas en ideas como la dignidad inherente de todos los humanos, el carácter sagrado de la vida humana y el concepto de que a todos los humanos les correspondían ciertos derechos. Estas ideas de la dignidad humana fueron sacudidas violentamente por la publicación del tratado científico de Darwin.

Selección natural

Charles Darwin (1809–1882) propuso en El origen de las especies que todas las variaciones biológicas podían explicarse en base a la selección natural.[21] El trabajo científico posterior relacionó el origen de la variación natural con mutaciones genéticas que aparecen aleatoriamente en los genes de las especies. Aquellas variaciones que mejoran la posibilidad de supervivencia de los individuos y su capacidad de dejar descendencia se encontrarán en proporciones mayores de poblaciones posteriores. Por lo tanto, los cambios útiles y aleatorios son seleccionados naturalmente porque ayudan al organismo a adaptarse mejor y a sobrevivir más tiempo. De esta forma Darwin afirmaba osadamente poder explicar el origen de todas las especies mediante mecanismos naturales, y no la creación especial. Él mismo afirmó que esto era "la doctrina de Malthus aplicada con fuerza múltiple a la totalidad del reino animal y vegetal".[22]

El impacto de la obra de Darwin ha sido monumental. Una autoridad afirma: "Junto a la Biblia, ninguna obra ha tenido tanta influencia en prácticamente cada aspecto del pensamiento humano como El origen de las especies".[23] El filósofo evolucionista George Gaylord Simpson propuso una razón para esto que se aplica muy directamente a nuestro tema aquí. "La revolución darwiniana cambió el elemento más crucial del mundo del hombre: su concepto de sí mismo".[24] Simpson luego afirmó que todos los intentos previos a 1859 de contestar la pregunta "¿Qué es la humanidad?" carecen de valor y deberían ser ignorados por completo.[25]

Inicialmente, Darwin se resistió a aplicar la selección natural a los humanos. Sus primeras publicaciones evitaron abordar el tema, pero dejaban la puerta abierta para que otros vieran las implicaciones. En El origen de las especies escribió:

"Tal vez sea difícil, pero deberíamos admirar el odio instintivo salvaje de la abeja reina, que la impulsa a destruir a las jóvenes reinas, sus hijas, apenas nacen, para no perecer ella misma en el combate; pues indudablemente esto es para el bien de la comunidad; y el amor maternal y el odio maternal, si bien éste último es afortunadamente sumamente raro, sirven igualmente al principio inexorable de la selección natural".[26]

Para 1871 Darwin ya no podía ocultar sus ideas sobre la evolución humana y publicó El origen del hombre. Además, sus apuntes de 1838 contienen muchas cavilaciones sobre las implicancias de su trabajo para los humanos y específicamente para la ética y la moral.[27] El origen del hombre afirmaba que, en las tribus primitivas, "los débiles de cuerpo o de mente son eliminados rápidamente", en contraste con "los hombres civilizados", que se esfuerzan al máximo por frenar el proceso de eliminación; construimos asilos para los imbéciles, los tullidos y los enfermos; instituimos leyes para los pobres; y nuestros médicos usan sus máximas capacidades para salvar la vida de cada uno hasta el último momento".[28] Consideraba que esto era "altamente dañino para la raza del hombre". A pesar de esto, predijo que, "en algún período futuro, no muy distante medido en siglos, las razas civilizadas del hombre casi con seguridad exterminarán y reemplazarán a las razas salvajes en todo el mundo".[29] Sus ideas fueron aceptadas rápidamente, si bien Darwin notó que fueron acogidas y promovidas más rápidamente en Alemania. Antes de examinar esto, debemos explorar brevemente otro aspecto de la teoría evolucionista.

Herencia

Si bien la selección natural fue aceptada como el método mediante el cual los cambios eran seleccionados, era poco claro el mecanismo mediante el cual los cambios ocurrían inicialmente. No se sabía del ADN y la genética en ese tiempo. Si bien se mostró escéptico inicialmente ante la Teoría de Características Adquiridas de Jean Baptiste de Lamarck (1744–1829), Darwin terminó aceptando la idea gradualmente.[30] Este concepto sostenía que los organismos se adaptaban a las presiones de su entorno y luego transmitían esas características adquiridas a su descendencia. Las jirafas pueden usarse en un ejemplo simplificado. Al alimentarse, las jirafas estiran sus cuellos para llegar a hojas cada vez más altas. Al hacer esto continuamente, sus cuellos podrían volverse más largos. Según la teoría de Lamarck, las jirafas de cuello más largo comerían más, vivirían más y tendrían más descendientes. Entonces, gradualmente, las jirafas evolucionarían hacia animales con cuellos más largos.

La teoría de Lamarck se aplicó más allá de la zoología. Dio esperanza a reformadores sociales de que la educación y otras políticas sociales podrían llevar a mejoras en los humanos que se transmitirían a generaciones futuras. Sin embargo, la teoría recibió un golpe significativo cuando August Weismann (1834–1914), un biólogo alemán, publicó los resultados de experimentos con ratones en 1888.[31] Weismann cortó las colas de novecientos ratones a lo largo de seis generaciones, pero todos los descendientes crecieron colas. Los cambios hechos en una generación no estaban siendo transmitidos a la generación siguiente. Los reformadores sociales que habían aceptado la teoría de Lamarck vieron las implicaciones para sus políticas. Ahora, al parecer, algunas personas estaban destinadas a ser de cierta forma, y poco o nada podía hacerse al respecto. Weismann usó el término "germen" para describir la manifestación física más temprana de un individuo, de la forma que nosotros usaríamos el término "genoma" para referirnos a material hereditario. Él afirmó:

"No podemos, mediante la alimentación excesiva, hacer un gigante a partir del germen destinado a formar a un enano;... o del cerebro de un destinado a tonto el de un Leibnitz o un Kant mediante mucho pensamiento... Por lo tanto, la selección natural, al destruir a los individuos menos aptos, destruye a aquellos que desde el germen tenían una tendencia a la debilidad".[32]

La selección natural y la evolución parecían apoyar las afirmaciones de que los humanos cambian de la misma forma que otros animales. Aun cuando las políticas sociales impactaran a una generación, la evidencia en contra de la teoría de Lamarck sugería que estos cambios no se heredarían. Cambiar a quienes eran débiles y no aptos aparentemente no brindaría una solución duradera. El próximo paso lógico, si bien controvertido, era proponer eliminar la debilidad y la degeneración impidiendo que los que tuvieran ciertos rasgos los transmitieran a generaciones posteriores.

Eugenesia

El descubrimiento de que las variaciones ocurren aleatoriamente y luego son transmitidas genéticamente planteó la posibilidad de que el cambio pudiera ser dirigido. Francis Galton (1822–1911) acuñó el término eugenesia para describir "el estudio de agencias bajo el control social que podrían mejorar o dañar las cualidades raciales de generaciones futuras, físicamente o mentalmente".[33] En este punto de la historia, el mundo occidental creía profundamente en el progreso, y la evolución era vista como algo que podría usarse para promover el progreso humano. Un afiche ampliamente difundido representaba a la eugenesia como un árbol con el epígrafe: "La eugenesia es la autodirección de la evolución humana".

Muchos entonces también aceptaban que todos los rasgos humanos estaban determinados genéticamente. Académicos de primer nivel de la ciencia y otros campos sostenían que "cualidades como la inteligencia, la enfermedad mental, la ética del trabajo, la criminalidad y la pobreza eran heredadas".[34] Por lo tanto, la forma de mejorar la sociedad era alentar a quienes tenían "buenos genes" a reproducirse y desalentar a quienes tenían "malos genes" de tener hijos. En EE.UU. esto llevó a leyes que restringían la inmigración y forzaban la esterilización de ciertas personas. Muchos países europeos consideraron leyes similares, y algunos las implementaron. En Alemania los pedidos de eugenesia pronto se enredaron con ideas como la higiene racial, en antisemitismo y el nazismo. Más que simplemente impedir que los no aptos se reprodujeran, la política pasó a ser eliminar a los no aptos. Ningún autor ejemplifica mejor la aplicación de estos principios que Ernst Haeckel (1834–1919).

Ernst Haeckel

Haeckel era un científico que pasó a ser un prolífico autor popular. Escribió los tres libros de no ficción más populares de Alemania a fines del siglo.[35] Las ideas de Haeckel sobre la ética y la moralidad aparecían de forma destacada en todos estos libros, desarrollando las implicancias de la selección natural para la sociedad humana. Felicitó a Darwin en su cumpleaños setenta por haber "mostrado al hombre su verdadero lugar en la naturaleza, con lo cual derribó la fábula antropocéntrica".[36] Esta fábula se refería a la enseñanza cristiana de que los humanos fueron creados especialmente y, por lo tanto, tenían derecho a protecciones especiales, el supuesto carácter sagrado de la vida humana. Ante todo, en la mente de Haeckel, estaba la creencia de que el darwinismo hacía que Dios, especialmente el Dios del judeocristianismo, fuera superfluo.

La ética y las políticas sociales de Haeckel arrancaban de la premisa de que la valía humana no era inherente, sino dependiente de la aptitud y la contribución potencial a la sociedad. El progreso humano está basado en "la lucha por la existencia y la selección natural", que Haeckel consideraba como leyes naturales. Para él, entonces, "la política es biología aplicada". El darwinismo social de Haeckel lo llevó a proponer algunas afirmaciones radicalmente diferentes acerca de lo que era ético con relación a los humanos. Tan atrás como 1870 afirmó:

"Si alguien se atreviera a hacer la sugerencia, según el ejemplo de los espartanos y los pieles rojas, de matar inmediatamente al nacer a los niños miserables y enfermos, de quienes puede profetizarse con seguridad una vida enfermiza, en vez de preservarlos para su propio daño y en detrimento de toda la comunidad, toda nuestra llamada `civilización humanitaria’ estallaría en un grito de indignación".[37]

Pasó a dejar en claro que abogaba por el infanticidio y también el aborto, el suicidio asistido y la muerte involuntaria de los enfermos mentales. Luego agregó a este grupo a los leprosos, los pacientes con cáncer y quienes tenían enfermedades incurables cuyas vidas eran "totalmente sin valor" y una carga para la sociedad. Por debajo de estas propuestas estaba su creencia, afirmada en 1864, de que "la existencia individual personal me parece tan horriblemente miserable, insignificante y sin valor que la veo hecha sólo para la destrucción".[38]

El camino a la medicina nazi

Otros factores contribuyeron a la situación en Alemania que llevó a la aceptación de las políticas nazis. Las presiones económicas sobre el sistema de cuidado de la salud eran severas a principios del siglo XX. Por ejemplo, entre 1885 y 1900 la cantidad de personas en asilos mentales del estado de Prusia aumentó 429 por ciento, mientras que la población prusiana general aumentó sólo 48 por ciento.[39] Una destacada revista científica realizó un concurso en 1911 (con un considerable premio en efectivo) para el mejor ensayo sobre el tema: "¿Qué le cuestan al estado y a la sociedad los malos elementos raciales?".[40] El ensayo ganador examinaba los costos de institucionalizar a las personas "inferiores" en Hamburgo, y fue usado más tarde por un profesor de anatomía de la Universidad de Viena para apoyar su afirmación de que "Por cruel que parezca, debe decirse que el apoyo continuo y cada vez mayor de esta variantes negativas es incorrecto desde el punto de vista de la economía humana, y eugenésicamente falso".[41] Sólo cuando las presiones económicas se combinaron con la visión de la dignidad humana del darwinismo social se convirtió en una opción aceptable la eliminación de los débiles y no aptos.

Bajo esta clase de influencias, la medicina y la enfermería cambiaron dramáticamente a principios del siglo XX en Alemania. Además de las presione económicas y la eugenesia, la priorización del darwinismo social de la raza por sobre el individuo impactaron las actividades cotidianas de los médicos y las enfermeras. Warren Reich ha demostrado cómo el concepto del cuidado mismo fue transformado durante ese tiempo. Los reformadores populares del sistema de cuidado de la salud abogaban por desplazar el énfasis tradicional en el cuidado como la preocupación por los individuos enfermos o débiles hacia una visión del cuidado como la preservación de la salud de quienes más tenían para contribuir a la sociedad. Esta idea estaba basada en "la falta de significado del individuo en el cuadro biológico mayor".[42] Esto transformó las actitudes de los médicos y enfermeras hacia su práctica y el significado dado al deber de cuidar. Por lo tanto, "el cuidado de enfermería no debía darse a los débiles. A las enfermeras se les advirtió acerca de tratar de mostrar una falsa misericordia hacia las personas inútilmente enfermas; y, de hecho, a las enfermeras se les enseñó que cuidar de personas ‘inútiles’ era dañino para ellas mismas".[43] Todo basado en la ideología del darwinismo social.

Los académicos médicos alemanes combinaron estos principios con ideas racistas. Alfred Ploetz cofundó la Sociedad Alemana para la Higiene Racial en 1904. Un sociólogo con quien trabajó estrechamente afirmó que el principio moral más elevado es: "Todo lo que promueve la mayor reproducción de los elementos raciales más aptos, aun cuando sea a costa de los no aptos".[44] Ploetz atacó la moral cristiana como demasiado centrada en el amor y el sacrificio. Wilhelm Schallmayer rechazó al cristianismo por su preocupación por los débiles y vulnerables, que contrarrestaba la selección natural. En cambio, Schallmayer sostenía que el primer estado en adoptar la ética evolucionista prevalecería sobre los demás en la lucha por la existencia.[45] Al concepto de supervivencia del individuo más apto dentro de la sociedad se agregaba ahora el de la lucha de una sociedad contra otra, de forma que la raza más apta sobreviviría. La exterminación y la guerra entonces se convirtieron en bienes morales para eliminar a los débiles.

Lo que quedaba era que alguien pusiera el darwinismo social en práctica. Un historiador señala que, para cuando Hitler vivía en Viena en la década de 1920, la prensa estaba "saturada del darwinismo social racista".[46] Exactamente cómo Hitler tomó estas ideas es incierto, pero sus escritos revelan su aceptación de la visión darwinista social de la dignidad humana. Justificaba que los fuertes afirmaran su voluntad sobre los débiles afirmando que "es la ley de la naturaleza".[47] Hitler, como Haeckel, recurrió a Esparta como una sociedad ejemplar que implementó el tipo de política social que él favorecía. Lo expresó así:

"Esparta debe ser considerado como el primer estado popular. La exposición de los enfermos, los débiles, los niños deformes, es decir, su destrucción, era más decente y ciertamente mil veces más humanitario que la desdichada insania de nuestro día que preserva los sujetos más patológicos".[48]

Cinco creencias y su impacto en la bioética

Durante las décadas que siguieron a la publicación de El origen de las especies, emergió un conjunto de creencias que cambió radicalmente la forma en que la gente consideró la dignidad humana. Esto alteró dramáticamente lo que se sostenía como lo correcto y lo incorrecto en la forma en que los humanos trataban a otros humanos. Impactó profundamente lo que los médicos y las enfermeras consideraban como ético. Las creencias específicas variaron algo entre darwinistas sociales, pero estaban unidas al ser consideradas como implicancias de la evolución biológica para la ética. La siguiente lista reúne temas imbricados a lo largo de los escritos de los darwinistas sociales y las presenta como cinco creencias que afectaron directamente las visiones de la dignidad humana y la ética.[49]

  1. La naturaleza de la ética es relativista, no universal. La ética y la moral emergieron y evolucionaron a medida que los humanos y la sociedad humana se desarrollaron y cambiaron. Por lo tanto, la ética debe cambiar al cambiar el entorno. Las creencias tradicionales deben cambiar, incluyendo aquellas acerca de la dignidad humana.
  2. La distinción entre humanos y otros animales es borrosa, porque los humanos evolucionaron gradualmente de otras especies, en contraposición con haber sido creados especialmente y, por lo tanto, haber sido dotados de una dignidad única.
  3. La inequidad humana existe en la naturaleza y lleva a gradaciones de aptitud. La raza y las capacidades físicas y mentales se convierten en determinantes de la dignidad humana, en contraposición con que todos los humanos tengan una dignidad inherente.
  4. En el extremo inferior del espectro, algunas vidas tienen tan poco valor (o cualidad) que se convierten en "vidas que no valen la pena ser vividas".
  5. La selección natural muestra que la supervivencia del más apto es una ley de la naturaleza. Por lo tanto, las políticas que ocasionan la muerte de quienes no son aptos para la supervivencia se convierten en éticas. Cuando menos, se vuelve ético no ayudar a aquellos humanos considerados menos aptos.

Es importante reconocer estas creencias porque se están propugnando, cada vez más, ideas similares hoy por algunos dentro de la bioética y la sociedad, más generalmente. Si bien no son presentadas típicamente como un resurgimiento del darwinismo social, estas creencias son ofrecidas pieza por pieza en ciertos enfoques a dilemas éticos. Daré algunos ejemplos en apoyo de esta idea.

A medida que la sociedad se enamora cada vez más de estas ideas, todos los involucrados en el cuidado de la salud deberían examinar la influencia y la validez de estas creencias cuidadosamente. Hitler creía que sus prácticas racistas y eugenésicas eran éticas y podían ser defendidas basándose en presupuestos darwinistas sociales. Parece improbable que políticas similares sean impuestas a la sociedad occidental por regímenes totalitarios. Pero, poco a poco, una sociedad que acepta presupuestos darwinistas sociales llegará a aceptar prácticas y políticas eugenésicas. La aceptación individual generalizada de estas ideas podrían, con la misma probabilidad, conducir a una discriminación y un maltrato generalizados de quienes son considerados no aptos para sobrevivir.

1. La naturaleza de la ética

Las atrocidades de la Alemania nazi dieron una mala fama a la ética evolucionista durante algunas décadas. Sin embargo, recientemente ha habido un interés renovado en la idea.[50] El autor, ganador del premio Pulitzer y profesor de biología de Harvard E. O. Wilson ha sido llamado el "heredero natural de Darwin", y su libro Sociobiology: A New Synthesis, un manifiesto darwiniano.[51] La sociobiología de Wilson está basada en la premisa de que todo comportamiento humano puede ser explicado dentro de un marco evolucionista. "La moral o, más estrictamente, nuestra creencia en la moral, es meramente una adaptación dispuesta para promover nuestros fines reproductivos. ... La ética, como la entendemos, es una ilusión que nos han impuesto nuestros genes para hacernos cooperar. Carece de fundamento externo".[52] John Fletcher, un bioético cuyos escritos sobre terapia génica han sido muy influyentes, afirma que la religión también es "un programa evolucionista que cumple una función muy importante: hacerlo consciente de que usted es parte del todo".[53]

Wilson afirma que la ética puede ser dividida en dos enfoques completamente diferentes. "Siglos de debate sobre el origen de la ética se reducen a esto: O los principios éticos, como la justicia y los derechos humanos, son independientes de la experiencia humana, o son inventos humanos".[54] Si la ética surge biológicamente, como sostiene la evolución naturalista, entonces es inherentemente cambiable, al igual que las visiones de la dignidad humana.

Con la negación de principios éticos trascendentes, los cálculos de riesgos y beneficios físicos pasan a ser la forma de tomar decisiones éticas. James Watson compartió el premio Nobel por su papel en el descubrimiento de la estructura del ADN y fue el primer director del Proyecto Genoma Humano. Él rechaza el concepto de derechos individuales al decir: "Esta palabra derecho se vuelve muy peligrosa. Tenemos derechos de la mujeres, derechos de los niños; y sigue sin parar".[55] En la misma discusión, Watson rechaza apelaciones al consenso público para determinar qué experimentos genéticos deberían permitirse con los humanos. "Temo preguntar a la gente lo que piensa. No pidan al Congreso que lo aprueben. Simplemente pídanles el dinero para ayudar a sus representados... Francamente, [al público] le interesa mucho más tener a sus familiares no enfermos que preocuparse por la ética y los principios".

En el mismo párrafo Watson elogia el sistema estadounidense por "no tenercowboys haciendo cosas que no deberían". Descarta los principios éticos, pero igual apela a uno. "Deberíamos tratar a otras personas de forma que maximice el bien común de la especie humana". Para él, esto incluye manipular el genoma humano de formas experimentales sin ninguna regulación, a menos que "haya un uso incorrecto terrible y mueran personas".

La ética promovida por Watson surge de su cosmovisión darwiniana, donde el principio rector es continuar la evolución de la especie humana. El enfoque está en el cambio genético ya que, como afirmó Watson ante un comité del Congreso de EE.UU.: "Solíamos pensar que nuestro destino estaba en las estrellas. Ahora sabemos, en gran medida, que nuestro destino está en nuestros genes".[56] Sin derechos individuales, el consenso público o principios éticos trascendentes, los individuos no estarán protegidos de lo que podría promover el bien de la mayoría. Para Watson y los bioéticos de la misma cosmovisión, la sociedad humana necesita eliminar los genes defectuosos, lo cual justifica la selección de embriones, el aborto y el infanticidio. La terapia génica, tanto somática como en la línea germinal, también es aceptada como una forma de mejorar el genoma humano. Al mismo tiempo, la ética se reduce a una herramienta más que facilita el progreso evolucionista mediante la eliminación de los débiles. "Para un enfoque naturalista, en último análisis, la ética es producto de un largo proceso evolucionista".[57]

2. Características humanas distintivas

Peter Singer es un bioético que, probablemente más que cualquier otro autor, ha extraído las implicancias éticas que surgen de afirmaciones de que los humanos no son distintos de otros animales. Lo hace dentro de una perspectiva utilitarista, pero también hace énfasis en la naturaleza evolucionista de la humanidad. Singer ha promovido recientemente la idea de que quienes están en la izquierda política deberían recurrir al darwinismo en respuesta al colapso del comunismo.[58] En su libro A Darwinian Left desarrolla su argumento de que el darwinismo puede ser usado en apoyo de las ideas sociales y políticas sostenidas típicamente por la izquierda.[59]

Singer es mejor conocido por sus posiciones bioéticas polémicas y su promoción de los derechos de los animales. Él usa el término "especismo" para criticar las afirmaciones de que los humanos tienen más derechos que las otras especies. "En otras palabras, estoy instando a que extendamos a otras especies el principio básico de la igualdad que la mayoría de nosotros reconocemos debe extenderse a todos los miembros de nuestra propia especie".[60] Otro autor lo explica de esta forma:

"La mayoría de los pensadores humanos consideran al chimpancé como una rareza malformada e irrelevante, mientras se ven a sí mismos como escalones hacia el Todopoderoso. Para un evolucionista, esto no puede ser así. No existe ninguna base objetiva para elevar a una especie por encima de otra. El chimpancé y el humano, el lagarto y el hongo, todos hemos evolucionado durante unos tres mil millones de años mediante un proceso conocido como selección natural".[61]

Considerar a los humanos y animales como iguales podría de alguna forma elevar las normas éticas mediante las cuales se tratan todas las especies. Sin embargo, los darwinistas sociales de principios del siglo XX usaron esta idea para tratar a algunos humanos de formas que previamente habían sido reservadas para los animales. En vez de elevar la condición de todas las especies, rechazaron la creencia en la dignidad inherente de toda vida humana y justificaron la matanza de humanos inocentes que se consideraban de una condición menor que algunos animales. La misma agenda aparece en el título del libro citado previamente de Singer, Unsanctifying Human Life. El rechazo de que la vida humana ha sido "singularizada" de alguna forma de otras especies se encuentra a lo largo de la literatura darwiniana. Así como los primeros darwinistas sociales y nazis propiciaban matar a los humanos débiles y no aptos, Singer justifica similarmente el infanticidio y la eutanasia, y afirma que algunos animales tiene una estado moral superior a ciertos humanos.

3. Gradación humana

Habiendo eliminado toda condición especial para los humanos, Singer y quienes sostienen puntos de vista similares deben usar algún criterio para graduar las vidas humanas. Esto, como vimos con los darwinistas sociales y los nazis, se vuelve arbitrario. Hoy vemos que se toman decisiones similares acerca de vidas humanas, especialmente donde los dilemas éticos abundan, al principio y al final de la vida. Uno de los expertos en infertilidad que intenta clonar un bebé humano respondió a preocupaciones por los efectos adversos en los bebés resultantes respondiendo: "Podemos graduar a los embriones. Podemos hacer tamizaje genético. Podemos hacer control de calidad".[62]

Hay quienes afirman que este tipo de control de calidad es diferente cuando se aplica a los embriones humanos. Sin embargo, cuando se acepta para ciertos miembros de la especie humana, puede difundirse rápidamente. El "control de calidad" para los humanos fue aceptado al comienzo del siglo XX y ya se está difundiendo nuevamente al comienzo del siglo XXI. El profesor John Harris es miembro del comité de ética de la Asociación Médica Británica, y en 2004 declaró:

"Hay una práctica muy generalizada y aceptada de infanticidio en la mayoría de los países... ¿Qué pensamos que es realmente diferente entre recién nacidos y fetos tardíos? No hay ninguna razón obvia por la que uno debería pensar de modo diferente, desde un punto de vista ético, acerca de un feto cuando está fuera del útero en vez de estar adentro del útero".[63]

Harris usó el mismo argumento relativista que usaron Haeckel y Hitler: como otras culturas practican el infanticidio, deberíamos estar abiertos a la práctica también. Daniel Dennett llega a la misma conclusión en su libro acerca de cómo el darwinismo pone "nuestras visiones más preciadas de la vida sobre un nuevo fundamento".[64] Él afirma que el darwinismo deja en claro perfectamente que no hay forma de determinar cuándo comienza o finaliza una vida humana. En cambio, él cree que "todos compartimos la intuición de que hay gradaciones de valor en la finalización de las vidas humanas". Dado que la naturaleza permite que muchos mueran mediante abortos espontáneos, él sugiere que deberían tomarse medidas para asegurar que un bebé severamente malformado "muera lo más rápida e indoloramente posible". La implicación es que una vez que hemos graduado las vidas humanas, algunas no valdrán la pena ser vividas.

4. Vida que no vale la pena ser vivida

La idea de vidas humanas que no valen la pena ser vividas fue clave para los cambios ideológicos al comienzo del siglo XX. Las demandas de responsabilidad por vida perjudicial reflejan una visión similar. La idea es que algunas vidas humanas están tan debilitadas o son tan dolorosas que fue un error permitirles llegar a la existencia. Un grupo de cuatro bioéticos de renombre internacional defienden pruebas y terapias genéticas que llevarían a la prevención de ciertos nacimientos. Abogan por una distinción entre "una vida que vale la pena" y "una vida que no vale la pena ser vivida".[65] Esta última "es una vida que, desde la perspectiva de la persona de quien es la vida, es tan gravosa y/o sin beneficios compensatorios para ella como para hacer que la muerte sea preferible". Luego sostienen que, dado que las personas pueden determinar por ellas mismas cuándo sus vidas futuras valen la pena ser vividas, es ético tomar esta clase de determinaciones prenatalmente y poner fin a embriones o fetos cuyas vidas futuras no valdrían la pena ser vividas.

La búsqueda de formas de graduar vidas humanas suele ser conducido en términos del carácter de persona humana. En este enfoque, a quienes son considerados personas se les otorgan derechos y protecciones. Los humanos considerados como no personas no necesitan que se les otorgue los mismos derechos o protecciones y, por lo tanto, pueden ser muertos. El carácter de persona, dentro de una perspectiva evolucionista naturalista, está determinado típicamente en base a características físicas. Por ejemplo, Walter Glennon señala que "Una persona comienza a existir cuando la etapa fetal del organismo desarrolla la estructura y la función del cerebro necesarias para generar y apoyar la conciencia y la vida mental".[66] Sigue arguyendo que "las pruebas y la terminación selectiva de embriones genéticamente defectuosos es la única forma médica y moralmente defendible de impedir la existencia de personas con discapacidades severas, dolor y sufrimiento, que hacen que sus vidas no valgan la pena ser vividas en términos generales" y que "se nos exige moralmente que impidamos la existencia de personas con vidas que, puestas en la balanza, no valen la pena ser vividas".

El debate sobre el carácter de persona se vuelve problemático éticamente cuando se combina con el concepto de vidas que no valen la pena ser vividas. Históricamente, considerar a algunos humanos como "no personas" siempre ha sido usado "como una noción permisiva que quita la presión moral sobre ciertos dilemas planteados por la medicina moderna".[67] De ahí que Singer diga que: "Matar a un bebé defectuoso no es moralmente equivalente a matar a una persona. Muy frecuentemente no tiene nada de malo".[68] Singer sugiere que los recién nacidos pueden ser considerados como no personas si no son queridos. "Miles de años de sumisión a la ética cristiana no han logrado suprimir por completo la actitud ética anterior de que los bebés recién nacidos, especialmente si no eran queridos, aún no son miembros plenos de la comunidad moral".[69]

Las similitudes con las afirmaciones y propuestas de los primeros darwinistas sociales deberían ser obvias. Existen actualmente presiones económicas y de otro tipo para declarar a algunas personas como tan debilitadas que ya no deberían ser consideradas como personas cuyas vidas valen la pena ser vividas. Los historiadores han rastreado la aceptabilidad de la eutanasia en América y Europa a la aceptación del pensamiento evolucionista. "El punto de inflexión más importante en la primitiva historia del movimiento de la eutanasia fue la llegada del darwinismo a Estados Unidos".[70] La aceptabilidad de matar como una respuesta legítima a ciertos pacientes revela actitudes similares hoy. A pesar de ser ilegal y contrario a su código de ética, cientos de enfermeras en Bélgica han dado inyecciones letales a pacientes, a menudo sin su consentimiento.[71] Los médicos están practicando el infanticidio en Bélgica y otros países sin esperar que se vuelva legal.[72] Si bien deben tomarse decisiones éticas difíciles con y acerca de personas al final de la vida, afirmar que sus vidas no valen la pena ser vividas tiene un precedente peligroso.

5. Supervivencia del más apto

La frecuentemente tácita motivación que subyace la selección en la bioética hoy es el concepto de la supervivencia del más apto. A diferencia de la era nazi, no hay un régimen totalitario imponiendo su visión de la aptitud sobre la sociedad. En cambio, la aptitud está siendo determinada más individualmente. Sin embargo, la idea es la misma: cuando las personas caen por debajo de las normas aceptadas para la vida, su existencia puede ser terminada. Cuando se les preguntó a unos padres que buscaban un bebé clonado acerca del riesgo de anormalidades en su hijo potencial, respondieron: "Lo hemos discutido con el Dr. Zavos y, si hay anormalidades, abortaremos".[73]

El diagnóstico genético prenatal puede ayudar a algunas personas a prepararse para problemas con el embarazo, el parto o la salud de su hijo. Pero, en una cultura donde la supervivencia del más apto es el paradigma aceptado, también crea dilemas éticos relacionados con quiénes deben sobrevivir después del diagnóstico. Richard Dawkins, un destacado popularizador británico del darwinismo y la ética evolucionista, afirma que el problema yace en la ética tradicional a la que buscamos aferrarnos. "El argumento de este libro es que nosotros, y todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes... Por mucho que queramos creer otra cosa, el amor universal y el bienestar de la especie como un todo son conceptos que simplemente no tienen sentido evolucionista".[74] Por lo tanto, él también propicia la matanza de ciertos miembros de nuestra especie.

Dignidad humana inherente

La preocupación aquí no es que los proponentes del darwinismo social introduzcan otro régimen al estilo nazi. Las similitudes entre entonces y ahora no se sugieren para afirmar que las prácticas nazis son moralmente equivalentes a lo que los darwinistas sociales respaldan hoy. Hay diferencias importantes, pero hay también similitudes cruciales. Debemos reconocer adónde condujeron estas creencias en el pasado, y entender por qué podría haber pasado. Independientemente de lo que la evolución darwiniana y neodarwiniana puedan decirnos acerca del desarrollo físico, la historia del darwinismo social revela que este enfoque de la ética es destructivo para la humanidad.

Los sistemas de cuidado de la salud de todo el mundo están enfrentando enormes presiones económicas, tal como ocurrió a principios del siglo XX en Alemania. Estas presiones pueden conducir a políticas que quitan derechos a ciertos humanos. Sus muertes pueden permitir el acceso a células, tejidos u órganos que ayudarán a otros. Los recursos necesarios para mantenerlos vivos podrían ser usados mejor en otros lados. Además, podría volverse difícil ver algún valor en continuar su existencia. La escasez económica se vuelve peligrosa cuando se la aúna con una visión de que el bien de la sociedad está por encima de los derechos de los individuos.

Se requiere un balasto para contrabalancear esta clase de presiones. La dignidad inherente de todos los humanos, no importa cuán discapacitados o en qué estado de desarrollo se encuentren, brinda este balasto. Toda escala móvil de la dignidad humana conduce inevitablemente al tratamiento indigno de aquellos humanos que no cumplen la norma del momento.

Por debajo del darwinismo social y sus formulaciones más recientes se encuentra una devaluación de la vida humana. Cuando los humanos son considerados como simplemente parte del continuo de la vida animal y sin valor inherente, su valía se estima en forma relativa. Sus derechos se vuelven arbitrarios, basados en su aptitud estimada y su contribución potencial. Combinada con el concepto de la supervivencia del más apto, esta ética se vuelve destructiva. Como se notó en 1949, cuando los médicos nazis fueron condenados en los juicios de Nuremberg:

"Toda destructividad termina conduciendo a la autodestrucción; la suerte de la SS y de la Alemania nazi es un ejemplo elocuente... Los comienzos inicialmente fueron meramente un sutil desplazamiento de énfasis en la actitud básica de los médicos. Comenzó con la aceptación de la actitud, básica en el movimiento de la eutanasia, de que existe tal cosa como una vida que no vale la pena ser vivida. Esta actitud, en sus primeras etapas, se preocupó meramente de las personas severa y crónicamente enfermas".[75]

Un desplazamiento similar está ocurriendo hoy dentro de la bioética. Hay una búsqueda en marcha de una ética secular que defienda de alguna forma la dignidad humana. Pero las creencias acerca de la valía humana van al meollo de nuestras cosmovisiones y exigen que reconozcamos la discusión de todos los enfoques, sean materialistas, filosóficos o teológicos. Wilson, el sociobiólogo, sostiene que debemos basar nuestra ética en la ciencia racional y naturalista o reconocer que, en cierta medida, necesitamos ayuda y guía de una dimensión más allá de lo puramente natural. Él rechaza la última opción porque se rehúsa a aceptar un costado espiritual de la humanidad. Roger Trigg, en su estudio de las visiones de la naturaleza humana, expresa la opción así:

"Si pienso que los humanos realmente están un poco por debajo de los ángeles, y que podemos vivir más allá de esta vida, entonces me veré de forma diferente de la persona que acepta que la especie Homo sapiens es una especie animal entre muchas, caracterizada por una historia evolucionista particular. El tironeo entre ver a los humanos como paquetes de genes que existen sin propósito y como una creación especial de Dios es la versión moderna de un debate perenne entre filósofos".[76]

Resumen

El concepto de la dignidad humana cambió dramáticamente durante la primera mitad del siglo XX bajo la influencia del darwinismo social. La dignidad inherente y el valor especial de los humanos fueron rechazados, lo cual permitió la destrucción generalizada de vida humana durante la era nazi. Este tipo de ética fue influida por cinco dogmas centrales al darwinismo social: que la moral es relativa, que los humanos no tienen una condición única, que la dignidad humana es relativa, que algunas vidas no valen la pena ser vividas, y que la supervivencia del más apto es un principio ético. Esta clase de creencias se están volviendo más predominantes en el discurso bioético y tienen implicaciones profundas para los temas éticos y sociales actuales. Sin una adherencia robusta a la noción de que toda vida humana es digna, y que la dignidad humana es inherente y conferida, la destrucción de la vida humana se verá cada vez más como la respuesta ética a los dilemas morales en la medicina, la enfermería y la biotecnología.

 

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