Los desafíos de la infertilidad: Un marco bíblico para responder adecuadamente

 

Hay tanto como 2,5 millones de parejas infértiles en Estados Unidos, algo así como la población de la ciudad de Phoenix. Simultáneamente, hay al menos 38 formas de hacer un bebé, si uno considera todas las posibles configuraciones y terapias. Las parejas infértiles se ven confrontadas con una sopa de letras de opciones que incluyen AIH, AID, GIFT, ZIFT, IVF, maternidad de alquiler, y otras. Con tantas parejas que quieren tener hijos, y con tantas opciones, tomar decisiones respecto de las tecnologías reproductivas puede ser extraordinariamente difícil.

Es importante entender desde el inicio qué es exactamente la infertilidad. El diagnóstico de infertilidad se hace cuando una pareja no logra el embarazo luego de 12 meses de relaciones sexuales no protegidas. Aun en las mejores circunstancias hay sólo una probabilidad de entre el 15% y el 20% de embarazo para parejas "normales" que tiene relaciones sexuales regularmente. En mujeres jóvenes, la probabilidad de embarazo con relaciones sexuales no protegidas se estima que es del 20% cada mes, mientras que, para mujeres de más de 40 años, probablemente no supere el 5% cada mes.

La cantidad creciente de tecnologías reproductivas plantea una cantidad similar de preocupaciones éticas. Sólo aquellas tecnologías consideradas éticamente aceptables deberían ser usadas. Algunas de las cuestiones a considerar incluyen el carácter sagrado de la vida humana y el ideal bíblico de la familia.

El carácter sagrado de la vida humana

Una importante realidad bíblica es el carácter sagrado de toda vida humana. El momento en que el óvulo y el esperma humanos se unen, se crea un individuo genético único. Los individuos reciben la mitad de su identidad genética de su madre biológica y la otra mitad de su padre biológico. Todos individuo humano es creado a la imagen de Dios (Génesis 1:27) y está investido de un valor inestimable por Dios.

Algunas técnicas reproductivas de alta tecnología no violan en sí mismas el carácter sagrado de la vida humana. Por ejemplo, las técnicas FIV (fertilización in vitro), AIH (inseminación artificial usando el esperma del esposo), GIFT (transferencia de gametos en la trompa de Falopio) y ZIFT (transferencia de embriones en la trompa de Falopio) no requieren que los embriones sean destruidos. Sin embargo, pueden ponerlos en riesgo, especialmente si se combinan con el congelamiento de embriones. Además, cada vez que se implantan dos o tres embriones en el útero de una mujer hay una probabilidad sustancialmente mayor de uno o más de esos embriones corran el riesgo de morir.

Otro problema en la creación de embriones adicionales tiene que ver con la imposibilidad de que las parejas sepan lo que podría ocurrir entre el momento en que los embriones son creados y cuando son implantados. Algunos recordarán la famosa batalla legal Davis vs. Davis. El matrimonio Davis intentó usar FIV y el congelamiento de embriones para lograr el embarazo. Antes que pudiera quedar embarazada la Sra. Davis, la pareja se divorció. El Sr. y la Sra. Davis discreparon fuertemente acerca de lo que debería ocurrir con los embriones congelados. Luego de varias batallas legales muy largas que llegaron hasta la Corte Suprema de Tennessee, los embriones fueron destruidos.

Este caso resalta también cuán importante es que las parejas consideren todos los escenarios posibles que podrían experimentar en el curso de la reproducción asistida. Se debería alentar a las parejas a discutir sus compromisos religiosos y morales con su médico antes que comiencen la terapia. Una vez que los embriones son creados, no pueden ser "descreados".

La idea de la familia en la Biblia

Así como la procreación forma parte del ideal bíblico para la familia, ocurre lo propio con el matrimonio monógamo. El apóstol Pablo era completamente coherente con este ideal cuando citó el Génesis en sus instrucciones sobre la familia en el libro de Efesios: "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne" (Efesios 5:31). El ideal de Dios para la familia es un hombre, una mujer, en un tipo de unión de una carne, de por vida. Todos sabemos, a partir de experiencias personales dolorosas en nuestras familias, o en las que nos rodean, cuán traumático es cuando este ideal es violado por el adulterio, el divorcio o aun la muerte. Este ideal debe ser preservado y practicado por el bienestar de la familia, incluso cuando se consideran tecnologías reproductivas.

Varias de las tecnologías reproductivas violan el ideal de Dios para la familia y están, por lo tanto, plagados de dificultades. Por ejemplo, la maternidad de alquiler, una de las tecnologías reproductivas más polémicas, se opone a la estructura "nuclear" de la familia. Cuando un tercero se inmiscuye en la relación procreadora, la estructura instituida divinamente de la familia se ve alterada.

El alquiler maternal comercial –donde a una mujer se le paga para llevar a término el hijo de una pareja– es la forma de alquiler maternal más cuestionable. La práctica reduce a los hijos y el tener hijos a una forma de trueque. Esta práctica hace que la reproducción sea poco más que una relación comercial y la madre de alquiler, poco más que un útero alquilado.

Aun el alquiler materno altruista, donde no hay dinero involucrado, es problemático. El alquiler materno funciona mejor cuando la madre de alquiler está aislada emocionalmente del hijo que lleva en su cuerpo. Sin embargo, un hijo se encuentra mejor cuando la madre está involucrada emocionalmente con su hijo y su embarazo. El conflicto de intereses conspira contra el mejor interés del niño, aun en el caso en que una familiar sea la madre de alquiler.

Además, las leyes que rigen los acuerdos de alquiler materno siguen evolucionando en muchos estados. Este hecho hace que la maternidad de alquiler diste de ser lo ideal. Los niños necesitan el mejor entorno para su crianza, aun in utero. La maternidad de alquiler no cumple con criterios importantes para la crianza compasiva de un hijo. Una posible excepción es la llamada "maternidad de alquiler de rescate". En este arreglo, una mujer acuerda llevar y adoptar un embrión no querido que fue congelado en una clínica de infertilidad. Al menos una agencia de adopción ha sido creada para facilitar las adopciones de embriones (ver www.snowflakes.org). Sin embargo, la maternidad de alquiler de rescate no debería ser considerada como meramente otra forma de tecnología reproductiva. La práctica dejaría de ser necesaria una vez que todos los embriones no queridos fueran adoptados.

La donación de óvulos y la inseminación artificial usando esperma de un donante también violan el ideal de Dios para la familia, al crear un hijo que resulta de la unión del esposo o esposa con otra persona fuera del matrimonio. A diferencia de la adopción, que "redime" a un niño que de otra forma no tendría una familia, estos arreglos crean una situación en la que los padres no están relacionados por igual con el niño que traen al mundo, justamente para estos propósitos. También exponen a los niños y a los adultos a desafíos intensamente traumáticos, tanto legales como de otra índole.

Una teología de la infertilidad

Al tomar decisiones relacionadas con la procreación, los cristianos deben hacerse preguntas no sólo tecnológicas. Las tecnologías reproductivas no son neutrales en cuanto a los valores. Es decir, sólo porque estas tecnologías están disponibles no significa que deben ser usadas, o que sean consideradas éticamente justificables. Como otras decisiones, las que tienen que ver con la tecnología reproductiva deben ser informadas por una cosmovisión cristiana. ¿Qué dice la Biblia acerca de la infertilidad?

Primero, tener hijos es bueno, y el poder ser padres, cuando es posible, debe ser celebrado. Desde el inicio, Dios bendijo la procreación. En Génesis 1:28 Dios dijo: "Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla". Asimismo, el salmista dice: "Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud. Dichosos los que llenan su aljaba con esta clase de flechas" (Salmos 127:3-5). No es poco importante que diga: "Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos" (Gálatas 4:4, 5). Es decir, Dios escogió usar el proceso de procreación para traer a su Hijo al mundo, si bien fue a través de una virgen que dio a luz. No sólo eso, sino que los niños ocuparon un lugar especial en el ministerio de Jesús (Mateo 18:1-6; Marcos 10:13-16). Además, la relación del creyente con Dios se define como una relación de padre e hijo: "El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo . . ." (Romanos 8:16, 17).

Segundo, también queda claro que es el Señor soberano quien abre y cierra el vientre (1 Samuel 1:5, 6). Si bien los hijos son claramente una bendición de Dios, la capacidad de tenerlos está sujeta al misterio de su provisión. De hecho, el apóstol Santiago advierte a los cristianos que no sean presumidos con relación a su vida. En vez de seguir abiertamente nuestros propios deseos, se nos enseña: "Más bien, debieran decir: 'Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello'" (Santiago 4:15).

La providencia de Dios no debería ser una realidad sombría y aciaga para los creyentes. Como Padre nuestro, Él siempre tiene su propia gloria y nuestro mejor interés en el fondo de su corazón, y nunca hay conflictos entre ambos. Si bien no debemos citar el versículo alegremente a las personas que están sufriendo, igualmente es cierto que "sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28). Dios puede obrar el bien a través de nuestras tragedias y nuestros traumas. Una de las realidades más reconfortantes de la fe cristiana es que Dios obra con propósito. Nunca se equivoca, nunca comete errores de juicio ni actúa caprichosamente.

En algunos casos, podría ser que no es la voluntad de Dios que una pareja tenga hijos. Las parejas infértiles no deberían sentir que son consideradas como seres humanos de segunda clase porque no pueden concebir. Dios bien podría tener otros buenos y misericordiosos propósitos para ellos. Tristemente, muchas parejas suponen que la infertilidad siempre es una señal de desaprobación de Dios o una forma de castigo. Este no es el caso, necesariamente. Por otra parte, la voluntad de Dios podría ser llevar a la pareja a través de la experiencia de la infertilidad antes de que conciban. Hay una cosa de la que podemos estar seguros: Dios ha prometido nunca poner una carga mayor de la que podemos soportar ( ver 1 Corintios 10:13).

Finalmente, las pruebas –incluyendo la infertilidad– a veces vienen a la vida de los creyentes como un aliento para orar. 1 Samuel 1 es un poderoso recordatorio de que la oración suele ser la forma designada por Dios para cumplir sus propósitos para nosotros. Ana era una mujer infértil que quería tener un hijo desesperadamente. Estaba sumamente deprimida por no poder concebir. Oró tan intensamente que el sacerdote creía que estaba ebria (1 Samuel 1:11-15). Ana respondió a su alegación diciendo: "Yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová". Con el tiempo, Ana concibió. Tuvo un hijo que llamó Samuel ("oído de Dios", en hebreo). Dios contestó las oraciones de Ana así como contesta todas las oraciones de sus hijos, cumpliendo sus amorosos propósitos en sus vidas.

Conclusión

La infertilidad puede ser muy traumática para las parejas. El conjunto de tecnologías reproductivas que se ofrecen puede provocar confusión. Las decisiones sobre qué tecnologías usar requieren un considerable esfuerzo mental, emocional y espiritual. Hay varias formas importantes en que la familia y los amigos pueden ayudar a las parejas a enfrentar la infertilidad.

Manténgase informado. Conozca los hechos acerca de la infertilidad. La infertilidad no es necesariamente una condición de toda la vida. Algunas parejas podrán pasar por años de infertilidad antes de tener hijos. No dé consejos no solicitados ni repita viejas fábulas. Las historias de un familiar o amigo que era infértil y acaba de tener un hijo podría no dar consuelo a una pareja que está inmersa en su propia infertilidad. Hay varios grupos que se especializan en ayudar a parejas infértiles. Hannah's Prayer es una red de apoyo cristiano para parejas infértiles. Stepping Stones Ministry, en Wichita, Kansas, publica un boletín para parejas infértiles.

Sea sensible. Hay ocasiones especiales, como el Día de la Madre, que pueden ser muy difíciles para parejas infértiles. Entienda por qué podrían no sentirse cómodas participando en esas ocasiones. Cuando usted se entera de que una pareja está experimentando infertilidad, no pregunte: "¿Quién tiene la culpa?". A veces, las parejas se sienten culpables por la infertilidad de entrada. Los sentimientos de culpa adicionales, sean reales o imaginarios, difícilmente ayuden.

Sea solidario. Apoye a parejas infértiles orando por ellas, indicándoles buenos recursos y simplemente compartiendo su sensación de carga mientras buscan ayuda para su infertilidad. 

 

Adaptado de Does God Need Our Help? Cloning, Assisted Suicide, & Other Challenges in Bioethics. John F. Kilner y C. Ben Mitchell. Wheaton, IL: Tyndale, 2003. 236 páginas.

 

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