Humanos reconstruidos: Los nuevos utópicos versus un futuro verdaderamente humano

 

Traducido por: Alejandro Field

Si el siglo diecinueve fue la era de la máquina, y el siglo veinte la era de la información, este siglo es, según la mayoría de las opiniones, la era de la biotecnología. En este siglo biotecnológico, podríamos ser testigos de la invención de curas para enfermedades vinculadas con la genética, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, el cáncer y una multitud de males que causan un tremendo sufrimiento humano. Podríamos presenciar avances sorprendentes en la producción de comida con alimentos modificados genéticamente que en realidad tienen drogas terapéuticas dentro de ellos. El bioterrorismo y el armamento de alta tecnología podrían estar también en nuestro futuro. Algunos investigadores llegan a sugerir que nuestro futuro podría incluir la reconstrucción de la especie humana. La próxima etapa de la evolución humana, sostienen, será la etapa posthumana.

Los nuevos utópicos

NEl utopianismo –la idea de que podemos disfrutar de una sociedad perfecta de personas perfectas en una tierra perfecta– no es para nada nueva. Novelistas, dramaturgos, ingenieros sociales y magnates de los medios han jugado con la idea durante milenios. Sin embargo, los nuevos utópicos son una raza aparte, por así decirlo. Son lo que podríamos llamar "tecnoutópicos". Es decir, ellos creen que la tecnología es la clave para lograr la sociedad perfecta de personas perfectas en una tierra perfecta.

Los nuevos tecnoutópicos tienen un nombre, en realidad: tranhumanistas. Según la Asociación Transhumanista Mundial: "El transhumanismo (como sugiere el término) es una especie de humanismo con 'algo más'. Los transhumanistas creen que ellos pueden mejorarse socialmente, físicamente y mentalmente haciendo uso de la razón, la ciencia y la tecnología. Además, el respeto por los derechos del individuo y una creencia en el poder del ingenio humano son elementos importantes del transhumanismo. Los transhumanistas también repudian la creencia en la existencia de poderes sobrenaturales que nos guían. Estas cosas, en conjunto, representan el corazón de nuestra filosofía. El enfoque crítico y racional que apoyan los transhumanistas está al servicio del deseo de mejorar la humanidad y el género humano en todas sus facetas".

De nuevo, la idea de mejorar la sociedad a través de la tecnología no es nueva. De hecho, la mayor parte del siglo pasado fue dedicada a hacer justamente esto. Sin embargo, lo nuevo es cómo los transhumanistas piensan usar la tecnología. Piensan modelar su tecnoutopía fusionando al humano con la máquina. Ya que –sostienen– la velocidad de las computadoras y el poder informático aumentará un millón de veces entre ahora y el año 2050 d.C., la inteligencia artificial superará a la inteligencia humana. La única forma en que los humanos podrán sobrevivir es fundiéndose con las máquinas, según los transhumanistas. ¿Vienen a su mente las películas AI o El hombre bicentenario?

Ahora bien, antes de descartar a los transhumanistas como simplemente otro grupo de chiflados de la era espacial, usted tiene que saber quiénes son algunos de ellos. Uno de los cerebros detrás del movimiento es un filósofo de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom. El sitio Web de Bostrom (www.nickbostrom.com) describe su cosmovisión de forma bastante clara. Él quiere hacer humanos mejores a través de la tecnología.

Otro transhumanista es un profesor de Cibernética en la Universidad de Reading, en Inglaterra. Kevin Warwick merece la distinción de ser el primer cyborg*. Él tiene chips de computadora implantados en su brazo y muñeca. La próxima etapa de la evolución humana, sostiene Warwick, es la era cibernética. Según lo que dijo Warwick a Newsweek en enero de 2001: "El potencial para los humanos, si nos limitamos a nuestra forma física actual, es bastante limitado ... La oportunidad para mí de convertirme en un cyborg* es sumamente excitante. No puedo esperar seguir adelante". Y lo ha hecho.

Rodney Brooks, profesor de Robótica de MIT, cree que, a través de la robótica, estamos rediseñando lo que significa ser humano. Su reciente libro, Flesh and Machines, es una exploración de su cosmovisión. Para muchos transhumanistas, los seres humanos son meramente lo que el gurú de la inteligencia artificial Marvin Minsky ha denominado "computadoras hechas de carne". Así que fundir computadoras biológicas (el cerebro humano) con cerebros de silicio (computadoras) parece ser una cosa buena.

¿Qué tienen en común todos los transhumanistas? En primer lugar, para ser lo más benévolos posible, encuentran que el problema del sufrimiento, la limitación y la muerte humano es inaceptable. La visión tecnoutópica es de una humanidad libre de dolor, ilimitada y eterna. Si bien su motivación puede ser encomiable, la verdadera pregunta es si los medios para alcanzar sus objetivos son éticamente justificables.

En segundo lugar, siendo menos benévolos, los transhumanistas exhiben lo que sólo podemos denominar autoaversión. Están muy perturbados por la humanidad y su condición finita. El cuerpo y sus limitaciones se han convertido en una prisión para ellos, y quieren trascender las fronteras de la mortalidad. Según su visión, el transhumanismo ofrece la mayor libertad.

En tercer lugar, son evolucionistas confiados y aun triunfalistas. Pero la visión evolucionista de ellos no es la darwiniana, de un progreso increíblemente lento e incremental de los más aptos de la especie. No, esta es una típica evolución occidental de laboratorio, relativamente instantánea, hecha por nosotros con nuestros propios esfuerzos. Pero, con todas nuestras fragilidades humanas, ¿podremos hacernos mejores a través de la tecnología? Dado que estamos tan limitados y confinados, y somos tan susceptibles al error, ¡podríamos simplemente destruirnos! El problema de la autoextinción preocupa a varios transhumanistas, especialmente Nick Bostrom.

Los robots y computadoras, por supuesto, nunca se volverán humanos. ¿Por qué no? Porque ser "uno de nosotros" trasciende la biología funcional. Los seres humanos son unidades almáticas psicosomáticas hechas a la imagen de Dios. La imagen de Dios no está plenamente localizada en nuestro cerebro ni en nuestro ADN. Nosotros, y todos los que somos "uno de nosotros", somos combinaciones únicas de cuerpo, alma y mente. Podríamos discutir teológicamente acerca de cómo describir mejor los componentes de nuestra humanidad, pero la mayoría de los cristianos está de acuerdo en que somos más que la suma de nuestras partes biológicas y funcionales.

Sin embargo, los tecnoutópicos no comparten nuestra visión de lo que significa ser "uno de nosotros". Aun cuando las computadoras y los robots tal vez nunca se conviertan en "uno de nosotros", algunos sin duda les atribuirán características humanas y –no es inconcebible imaginarlo– derechos humanos, incluyendo el derecho de no ser dañados. Un día podría volverse ilegal desenchufar una computadora para terminar su "vida", mientras es un deber ético desenchufar a un ser humano cuya biología ha dejado de funcionar eficientemente.

La iglesia y un futuro verdaderamente humano

El apóstol Pablo podía sentirse identificado con algunas de las preocupaciones de los transhumanistas. Él también encontró que las limitaciones de nuestra humanidad caída eran frustrantes. En 2 Corintios 4 y 5, se queja de este tabernáculo o tienda terrenal. Anhela ser liberado del sufrimiento, el dolor y la condición finita. Sin embargo, su esperanza no está en sus propias capacidades para trascender su humanidad, sino en el poder de Dios para transformar su humanidad a través de la redención. Confía en que su mortalidad se revestirá de inmortalidad, en que tenemos una morada no hecha de manos humanas, sino eterna y celestial.

Gran parte de lo que anhelan los transhumanistas ya está disponible para los cristianos: vida eterna y libertad del dolor, el sufrimiento y la carga de un cuerpo frágil. Como siempre, sin embargo, los transhumanistas –como todos nosotros en nuestros intentos fallidos de salvarnos a nosotros mismos– confían en su propio poder en vez de la provisión de Dios para un futuro realmente humano con él. Dado que el papel del profeta es declarar la Palabra de Dios a su pueblo del pacto, la iglesia debe montar un ministerio educativo masivo para ayudar a los cristianos a entender la biotecnología desde la perspectiva de una cosmovisión cristiana. Es decir, dado que toda verdad es verdad de Dios, y dado que vivimos en un mundo que enfrenta el "mundo feliz" de la biotecnología, los cristianos tenemos la obligación de entender cómo la revelación de Dios se aplica a esas tecnologías.

Esto significará que los seminarios tendrán que equipar a los ministros para que aborden la ética de la ingeniería genética, la terapia génica, los transgénicos, los xenotransplantes, la investigación con células madre y una cantidad creciente de otros temas. Al día de hoy, la mayoría de los seminarios brindan sólo oportunidades limitadas para tratar estas áreas difíciles. Esto es lamentable, porque estos son, y cada vez más se volverán, el contexto de problemas pastorales espinosos. Aun ahora se les está pidiendo a los pastores que brinden asesoramiento con relación a tecnologías reproductivas, pero pocos están preparados para ayudar porque se encuentran desinformados, no sólo acerca de las tecnologías, sino también acerca de cómo pensar al respecto.

Además, la iglesia, en su papel profético, debe usar su ministerio educativo habitual para desarrollar una mente cristiana sobre estos temas. Cada miembro de la iglesia tiene una participación en la revolución biotecnológica. Las plantas y animales producidos con la ayuda de la bioingeniería ya se venden en nuestras tiendas de comestibles, a menudo sin que aparezca en el rótulo. La terapia génica se volverá, cada vez más, la norma de cuidado en muchas enfermedades. Pronto se harán intentos para crear biochips para transferir información hacia y desde el cerebro humano. La nanotecnología promete crear máquinas del tamaño de moléculas que realicen funciones complejas y microcirugías dentro del cuerpo humano.

Finalmente, a través de su papel profético, la iglesia debe ayudar a modelar la política pública relacionada con la biotecnología. Cada una de estas tecnologías requerirá leyes o políticas para regular –o, en algunos casos, como la clonación de un ser humano– declarar ilegal su uso. A esta altura, relativamente pocos cristianos, y todavía menos iglesias, están informados acerca de estos temas. Lo más alarmante es que no saben cómo impactar el proceso de la política pública. Esto debe cambiar si la iglesia ha de ser un profeta fiel a su cultura y a sus miembros. 


1 Adaptado del nuevo libro de los autores, Does God Need Our Help? Cloning, Assisted Suicide, & Other Challenges in Bioethics (Tyndale, 2003). Disponible de CBHD o el editor.

* Nota del traductor: abreviatura del inglés cyber-organism, organismo cibernético.