Dignidad humana: Aún desafiando la devaluación

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¿Sirve de algo el concepto de "dignidad humana" en bioética? ¿Arroja luz importante sobre toda la gama de temas bioéticos, desde la investigación del embrión y la reproducción asistida, pasando por las mejoras biomédicas, hasta el cuidado de los discapacitados y moribundos? ¿O es, al contrario, inútil; cuando mucho un vago sustituto para otros conceptos más precisos, y en el peor de los casos un simple eslogan que camufla argumentos poco convincentes y prejuicios no expresados?[1]

Esta cruda dicotomía define el debate sobre la dignidad humana. En diciembre de 2005 el Concejo de Bioética del Presidente de EE.UU. se reunió para considerar el tema "Dignidad humana como un concepto bioético". La trascripción de las sesiones revela que el Consejo concordó rápidamente en que la dignidad humana es útil en la bioética, y pasó a cuestiones más de fondo dentro del tema: ¿Qué es la dignidad humana? ¿De dónde proviene? ¿Qué implicaciones tiene para la bioética? Damos nuestras respuestas aquí.

¿Qué es la dignidad humana?

La dignidad es, simplemente, "la cualidad de merecer estima o respeto".[2] La dignidad humana, entonces, es el reconocimiento de que los seres humanos merecen estima o respeto. Vienen a la mente aquí palabras que incluyen "valor", "valía", "importancia" y "significado". Encyclopedia of Bioethics define el uso primario de la dignidad humana como ¡un atributo de todos los seres humanos que establece su gran significado o valía'.[3] Un Comentario de un Invitado en Ethics & Medicine concluye que la dignidad humana es "la condición moral exaltada que todo ser de origen humano posee en forma única".[4] El mismo artículo ofrece el siguiente detalle:

La dignidad humana es, en su meollo, una realidad ontológica irreducible a categorías estéticas perceptivas. La palabra "dignidad" es, por lo tanto, apropiada para seres que son sustancias y no meras colecciones de propiedades. La dignidad sugiere algo inseparable de la naturaleza humana, algo colocado allí, algo compartido por todas las personas. Uno comprende la dignidad menos por la razón que por la intuición, de una forma que es comprensible para la reflexión humana universalmente. Ningún científico o médico ha observado jamás la dignidad humana; es una inferencia. Huyendo eternamente de las redes de la medición científica, la dignidad desafía la devaluación.[5]

Pero, ¿por qué ocurre esto?

¿De dónde proviene la dignidad humana?

En el corazón de muchos de los complejos desarrollos biotecnológicos con los cuales el Consejo del Presidente y otros luchan está la pregunta de qué significa ser humano. ¿Es alguna capacidad o alguna combinación de capacidades que hacen que un individuo sea característicamente humano y, por lo tanto, poseedor de dignidad? ¿Ocurre al demostrar autonomía, pensamiento racional, autoconciencia, libertad? ¿O acaso hay algo innato en los seres humanos? La dignidad humana, ¿tiene que ver con hacer o ser?

Si la dignidad humana está arraigada en las capacidades, en lo que los humanos pueden hacer, entonces los seres humanos pueden ser reducidos a desempeño, y la dignidad puede adquirirse o perderse según la capacidad. Por el contrario, la dignidad humana es un aspecto inherente de los seres humanos, el resultado de ser creados a la imagen de Dios: "Los seres humanos están constituidos por su portación de la imagen divina (imago Dei), y de ese hecho fundamental fluye su dignidad única e inviolable como personas".[6]

Debido a que los seres humanos portan la imagen de Dios en este mundo, somos sus representantes, mayordomos de su creación. Nuestra mayordomía se extiende no sólo a animales, plantas y la tierra, sino también, de alguna forma, de unos a otros. En concreto, tenemos el encargo de cuidar unos de otros. Las comunidades de fe cristianas tienen una larga historia de involucramiento en la medicina como una forma clave de cumplir este mandato.[7]

¿Qué implicaciones tiene la dignidad humana para la bioética?

¿Cómo vinculamos el valor irreducible de todos los seres humanos con los temas específicos de la bioética, como la clonación, la investigación de embriones, el acceso al cuidado de salud, el sufrimiento del fin de la vida, etc.? Es aquí donde yace el duro trabajo de la bioética.

El hecho de que todos los seres humanos tienen una dignidad innata e irreducible significa que todos merecen el mismo respeto y trato. Ningún ser humano carece de dignidad humana; por lo tanto, ningún ser humano debería estar sujeto, por ejemplo, a los riesgos asociados con la clonación o la destrucción intencional en los primeros días de vida. A la vez, todo ser humano debería tener un acceso justo y equitativo al cuidado que requiere su condición, y debería ser apoyado y consolado por una comunidad de personas en los últimos días y horas de la vida.

Arribar a conclusiones sobre estos temas puede parecer fácil, pero hacer con integridad la conexión con la dignidad humana requiere reflexión, interpretación y traducción. Esta es la tarea que el Centro para la Bioética y la Dignidad Humana, entre otros grupos, ha asumido en su labor de educar, equipar e involucrarse.

Si bien todos los seres humanos tienen una dignidad innata e irreducible, es importante que reconozcamos que podemos perder de vista nuestra propia dignidad. En la discapacidad y la enfermedad, lo que se pierde es la sensación de dignidad, no la dignidad misma. Es el deber de la bioética y el cuidado de la salud restablecer esta sensación de dignidad. Además, es posible ser tratado de formas inconsistentes con la propia dignidad. El reconocimiento de que cada humano posee dignidad por igual sirve como motivación para tratarnos unos a otros como corresponde; es decir, con dignidad.

Conclusión

La dignidad humana es el tema fundamente de la bioética, y cada asunto de dignidad humana está basado inevitablemente en una visión de lo que significa ser humano. La dignidad humana está basada correctamente en la visión de que los humanos portan la imagen de Dios. En consecuencia, cada miembro de nuestra familia humana tiene un valor inestimable y debe ser protegido y tratado con sumo respeto en cada etapa de la vida. Es gratificante ver que, al considerar este tema vital, el Consejo de Bioética del Presidente ha apuntalado la dignidad; no la ha devaluado.

 

Referencias


[1] Adam Schulman, "Bioethics and Human Dignity: Staff Working Paper," The President's Council on Bioethics, December 2005 http://www.bioethics.gov/background/human_dignity.html (consultado el 15 de diciembre de 2005).

[2] WordNet, s.v. "Dignity," http://wordnet.princeton.edu/perl/webwn?s=dignity (consultado el 15 de diciembre de 2005).

[3] Encyclopedia of Bioethics, 3rd ed., s.v. "Human Dignity."

[4] William P. Cheshire, "Toward a Common Language of Human Dignity," Ethics & Medicine 18 no 2 (Summer 2002): 10.

[5] Ibid., 8.

[6] Encyclopedia of Bioethics, 3rd ed., s.v. "Christianity in Bioethics."

[7] Andrew Fergusson, "What Has the Church Done Historically?" Hard Questions about Health and Healing, Chapter 6.

 


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