Clonación humana

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Traducido por: Alejandro Field

 

Vivimos en "un mundo feliz" en el cual las técnicas reproductivas están arrasando además de aumentando familias. Las variaciones de la situación en la que "la madre del bebé es también abuela y hermana"1 son cada vez más frecuentes. A veces son necesarias medidas extremas a fin de tener el tipo de hijo que deseamos.

Esta nueva eugenesia es simplemente la versión más reciente de la antiquísima búsqueda de hacer seres humanos -de hecho, toda la humanidad- de la forma en que queremos que sean: perfectos. Incluye nuestros esfuerzos por librarnos de seres humanos no deseados a través del aborto y la eutanasia. Más recientemente, se está centrando en nuestra capacidad creciente de entender y manipular nuestro código genético, que dirige la formación de muchos aspectos de quiénes somos, para bien o para mal.

Aspiramos a tener un control completo sobre el código, si bien a la fecha es relativamente poco lo que se puede hacer. Este trasfondo puede ayudarnos a entender la gran fascinación que existe ante la clonación humana hoy. Promete darnos una medida sustancial del poder sobre la constitución genética de nuestra descendencia. No podemos controlar su código exactamente, pero el primer paso importante en esa dirección es sumamente atrayente: usted puede tener un hijo cuyo código genético es exactamente igual al suyo. Y usted no salió tan mal, ¿no es cierto?

Debemos reconocer que en nuestros momentos de mayor sinceridad nos gustaría mejorar algunas cosas acerca de nosotros. Así que el plan mayor en esto sigue siendo el control genético completo. Pero la clonación de humanos representa un paso concreto en esa dirección, y las fuerzas que nos empujan para que tomemos este paso son tremendos. Estas fuerzas se ven energizadas, como veremos pronto, por las formas mismas en que consideramos la vida y justificamos nuestras acciones. Pero, antes de examinar estas fuerzas, necesitamos tener una visión más clara de la clonación humana misma.

La perspectiva creciente de la clonación humana

No fue más atrás que el año 1997 cuando el presidente de Estados Unidos desafió por primera vez a la nación y encargó a su Comisión Asesora Nacional de Bioética2 que considerara cuidadosamente cómo debía proceder los Estados Unidos con relación a la clonación humana. La atención a este tema fue estimulada por la supuesta clonación de un mamífero grande –una oveja– de una forma nueva. El método involucró no la mera división de un embrión en su primera etapa para producir gemelos idénticos. Más bien, involucró la producción de una réplica genética casi exacta de un adulto ya existente.

La técnica se denomina transferencia nuclear o transplante nuclear, porque involucra transferir el núcleo (y, por lo tanto, la mayor parte del material genético) de una célula de un ser existente a un óvulo a fin de reemplazar el núcleo del óvulo. Estimulado a dividirse por la aplicación de energía eléctrica, este huevo –ahora un embrión– es guiado por su nuevo material genético a desarrollarse como un ser que es genéticamente casi idéntico al ser del cual se extrajo el núcleo. Este proceso habría sido usado en una oveja para producir un clon de oveja llamado Dolly3, pero la atención se desplazó rápidamente hacia las perspectivas de clonar seres humanos (con lo que quiero decir, aquí y en todo el artículo, clonar mediante transferencia nuclear).

Rápidamente las personas comenzaron a ver oportunidades para ganar dinero y fama. Para el año 1998, por ejemplo, el científico Richard Seed había anunciado que tenía intenciones de crear una Clínica para Clones Humanos, primero en Chicago y luego en diez a veinte lugares en el país, seguido de cinco o seis lugares fuera del país.4 Mientras el gobierno federal de EE.UU. pensaba cómo responder a este tipo de iniciativas, algunos de los estados comenzaron a aprobar legislación que declaraba ilegal la investigación sobre clonación humana, y diecinueve naciones europeas actuaron rápidamente para firmar una prohibición de la clonación humana misma.5

Sin embargo, la prohibición europea solo impide la implantación, el sustento y el nacimiento de clones humanos, pero no incluía la investigación sobre clonación en embriones humanos que nunca son implantados. Este tipo de investigación ha sido frenado en Estados Unidos ya que el presidente, y luego el Congreso, retuvieron fondos del gobierno federal de la investigación que somete a los embriones al riesgo para propósitos no terapéuticos.6 Además, una declaración de Naciones Unidas copatrocinada por ochenta y seis países a fines de 1998 indicó una amplia oposición mundial a la investigación que podría llevar a la clonación humana.7 Sin embargo, hay signos de que esta protección para los embriones está debilitándose ante los enormes beneficios que promete la investigación con células madre. Las células madre pueden tratar muchas enfermedades y pueden tener la capacidad de desarrollarse en partes del cuerpo muy necesarios, como tejidos y órganos. Una forma de obtener células madre es dividir un embrión en sus primeras etapas en sus células componentes, con lo cual destruyen a un ser humano embrionario. Bajo el presidente Clinton, los Institutos Nacionales de Salud decidieron que, siempre que las fuentes privadas destruyeran los embriones y produjeran las células madre, el gobierno federal financiaría la investigación sobre esas células.8 Durante 2001, el presidente Bush prohibió la investigación financiada federalmente sobre células madre embrionarias producidas luego de la fecha del anuncio de su prohibición. En 2002, su recién formado Consejo de Bioética planteó serios cuestionamientos aun a esta forma de investigación con células madre, si bien el Consejo estuvo dividido en esta cuestión.9 Estos acontecimientos subrayan el hecho de que hay una cantidad de desarrollos tecnológicos que están estrechamente interrelacionados pero que involucran consideraciones éticas algo diferentes. Mientras que la investigación con embriones y células madre son temas muy importantes, son distintos éticamente de la cuestión de reproducir seres humanos mediante la clonación. La reproducción a través de la clonación es el foco específico de este ensayo.

Si bien no se ha registrado aún ningún nacimiento científicamente verificable, la tecnología y el conocimiento científico ya existen para hacer que dicho suceso sea factible en cualquier momento ahora. Hay una urgente necesidad de pensar detenidamente en los temas éticos pertinentes. Para comenzar, ¿es aceptable referirse a los seres humanos producidos por la tecnología de la clonación como "clones"?. Parecería que sí, siempre que no se convierta en un estigma relacionado con este término que no tienen expresiones más incómodas como "una persona que es producto de la clonación" o "alguien creado a través del uso de transferencia nuclear de células somáticas". Llamamos a alguien que viene de Italia, italiano, sin ninguna intención de falta de respeto. Así puede ser que una persona que viene "de la clonación" sea un clon. Sin embargo, debemos estar dispuestos a abandonar este término si se convierte en un rótulo que ya no cumple con ciertos criterios éticos.10

¿Por qué clonar seres humanos?

A fin de abordar la ética de la clonación humana misma, tenemos que entender por qué las personas querrían hacerlo en primer lugar. La gente suele contestar a la perspectiva de clonación humana de dos formas. Sienten aprensión ante la idea, una aprensión que Leon Kass ha sostenido que debemos tomar muy en serio.11 También encuentran que la idea tiene algo de atrayente. Este tipo de fascinación ha sido capturada en varias películas, incluyendo "Los niños del Brasil" (que describe un intento de clonar a Adolf Hitler), "Bladerunner" (que se pregunta si un clon se parecería más a una persona o a una máquina) y "Mis dobles, mi mujer y yo" (que presenta el intento de un hombre de tener suficiente tiempo para su familia, su trabajo y otros intereses produciendo varias réplicas adultas vivas de él). Las discusiones populares se centran en las maravillosas perspectivas de crear múltiples Madres Teresas, Michael Jordans u otras figuras notables.

El mayor problema con las creativas discusiones impulsadas por los medios es que suelen reflejar una comprensión incorrecta de la ciencia y las personas involucradas. La película "Mis dobles, mi mujer y yo" presenta réplicas humanas, y no clones como los que estábamos discutiendo aquí. Cuando un adulto es clonado (ej: la oveja adulta de la que fue clonada Dolly), se crea un embrión, y no otro adulto. Si bien las células del embrión contienen el mismo código genético que las células del adulto que es clonado, el embrión debe atravesar muchos años de desarrollo en un entorno que es significativamente diferente de aquel en el cual se desarrolló el adulto. Dado que tanto el entorno como nuestra genética influyen sustancialmente en quiénes somos, el embrión no se convertirá en la misma persona que el adulto. De hecho, dado que también tenemos una capacidad espiritual para evaluar y alterar tanto nuestro entorno como nuestra genética –uno o ambos–, los clones humanos seguramente serán bastante diferentes de los adultos que proveen su código genético.

Si esta fascinación popular con la duplicación de héroes no está bien fundamentada, ¿hay alguna justificación ética más inteligente para la clonación humana? Se han propuesto muchas, y pueden agruparse en tres tipos: justificaciones de utilidad, justificaciones de autonomía y justificaciones de destino. Los primeros dos tipos reflejan formas de ver el mundo que son altamente influyentes en Estados Unidos y otros lugares hoy, así que debemos examinarlos cuidadosamente. Pueden ser criticados fácilmente en sus propios términos. El tercer tipo, si bien es influyente también, tiene la virtud de abrir la puerta a la reflexión teológica también. Comenzaré por explicar las dos primeras justificaciones. Luego, en las secciones siguientes, evaluaré las primeras dos justificaciones y analizaré cuidadosamente la tercera.

Utilidad

Las justificaciones de utilidad defienden una práctica basada en su utilidad o beneficio. Mientras produzca un aumento neto en el bienestar humano, está justificada. Las personas están muy familiarizadas con el concepto de evaluar costos y beneficios, y es frecuente oír el argumento de que algo producirá tantos beneficios que los esfuerzos para impedirlo sin duda deben estar equivocados.

Las justificaciones de utilidad son frecuentes en discusiones sobre la clonación humana. Ejemplos típicos incluyen:

  1. Al tener clones, las personas podrán, en cierta medida, tener más de ellas mismas en el mundo y, por lo tanto, podrán causar un mayor impacto.
  2. Los padres pueden reemplazar a un niño moribundo por otro genéticamente idéntico.
  3. Los padres pueden producir un clon de un hijo enfermo para que provea médula ósea u otros elementos corporales para salvar la vida, que pueden ser obtenidos con un riesgo relativamente bajo para el clon.
  4. Si ambos padres tienen un gen letal recesivo pueden producir un hijo mediante la clonación en vez de arriesgar la probabilidad de uno en cuatro de que su hijo enfrente una muerte temprana.
  5. Los clones podrían ser producidos para proveer órganos para transplantes, aunque los transplantes podrían poner en peligro o aun poner fin a la vida de un clon.
  6. Otros clones podrían ser producidos con capacidades mentales inusualmente altas o bajas que los adecuaría para hacer tareas socialmente necesarias; por ejemplo, resolución de problemas desafiantes o trabajo servil.

Autonomía

El segundo tipo de justificación apela a la idea de la autonomía, una apelación cada vez más popular en esta era postmoderna, en la que las experiencias personales y los valores de las personas juegan un papel sumamente importante en determinar lo que está bien y lo que es verdadero para ellas. Según esta justificación, debemos respetar la autonomía de las personas como una cuestión de principio. Las creencias y los valores de las personas son demasiado variados como para adoptar ningún conjunto específico de ellos como una normativa para todos. La sociedad debería hacer todo lo posible para mejorar la capacidad de los individuos y los grupos de seguir lo que ellos consideran que es lo más importante.

De nuevo, las justificaciones de autonomía pueden asumir muchas formas. Sin embargo, hay tres que se destacan como especialmente influyentes en discusiones sobre la clonación humana:

  1. "Libertad personal". Hay un fuerte compromiso en muchos países –especialmente en Estados Unidos– de respeto por la libertad de las personas. Este compromiso está arraigado en una diversidad de tradiciones religiosas y seculares. El respeto por las personas involucra permitirles hacer que importantes decisiones de vida fluyan de sus propios valores, creencias y metas personales, en vez de obligarlas a vivir de acuerdo con un pesado conjunto de requisitos sociales.
  2. "Elección reproductiva". Las decisiones reproductivas son cuestiones especialmente privadas y personales. Tienen enormes implicaciones para las responsabilidades y el bienestar propio futuro. La intrusión social en este dominio es especialmente repudiable.
  3. "Investigación científica". Hace tiempo que se ha asignado un alto valor a la protección de la libertad en la investigación científica. Un mayor conocimiento y una mejor comprensión acentúan nuestra capacidad para tomar buenas decisiones y lograr grandes cosas en el mundo. La utilidad y la autonomía son importantes justificaciones éticas. Sin embargo, no brindan una base ética suficiente para la clonación humana. Las analizaremos aquí cuidadosamente, una por vez.

Entender la utilidad

Si bien la preocupación por la utilidad es admirable, este tipo de justificación tiene muchos problemas serios. Lo más significativo es que es "impracticable" y "peligroso". Es impracticable porque saber cuánta utilidad tiene la clonación o cualquier otra práctica, con un nivel de precisión razonable, es simplemente imposible. No podemos saber todas las formas en que una práctica afectará a todas las personas del mundo infinitamente hacia el futuro. Por ejemplo, es imposible cuantificar con precisión la satisfacción de cada padre en los siglos futuros que escogerá la clonación en vez de la reproducción sexual tradicional a fin de librar a sus hijos de nuevos problemas genéticos recientemente descubiertos que ahora son desconocidos. De hecho, como dijo el clonador de ovejas Ian Wilmut, poco después de anunciar su clonación de Dolly, en una frase ampliamente citada: "La mayoría de las cosas para las cuales se usará la clonación aún tienen que ser imaginadas". La dificultad de comparar la importancia de cada consecuencia previsible en la misma escala de valores, incluyendo la comparación de las experiencias subjetivas de cada persona con las de todas las demás personas, sólo aumenta su impracticabilidad.

Lo que ocurre en la vida real es que los tomadores de decisiones comparan intuitivamente sólo aquellas consecuencias de las que más están conscientes y que más les preocupan. Este tipo de enfoque es una invitación abierta al prejuicio y a la discriminación, voluntario o involuntario. Aún más peligrosa es la falta de límites a lo que puede ser justificado. No hay protecciones incorporadas para los individuos débiles o los grupos minoritarios, incluyendo los clones. Las personas pueden ser sometidas a cualquier cosa, a la peor opresión posible o aun a la muerte, si es beneficioso para la mayoría. Situaciones como la Alemania nazi y la esclavitud estadounidense pueden ser justificadas usando esta forma de pensar.

Cuando la utilidad es nuestra base para justificar lo que está permitido en la sociedad, las personas son usadas fundamentalmente como meros medios para lograr los fines de la sociedad o de personas específicas. Podría ser apropiado usar plantas y animales de esta forma, dentro de ciertos límites. En consecuencia, a la mayoría de las personas no les parece objetable clonar animales y plantas para lograr productos que cumplirán un propósito: mejor leche, mejores granos, etc. Sin embargo, es denigrante "usar" a las personas de esta forma.

Esta denigración es lo que nos molesta acerca de la perspectiva de producir un gran grupo de clones humanos con baja inteligencia para que la sociedad pueda tener una fuente de trabajo servil barato. Es también lo problemático de producir clones para proveer piezas de repuesto, como órganos vitales transplantables para otras personas. Ambas acciones no respetan la gran dignidad que tienen todas las personas por igual haciendo que, de hecho, algunas sean esclavas de otras. Aun la clonación de un niño que está muriendo para quitar la pena de sus padres fuerza al clon a tener cierta constitución genética a fin de ser el hijo de los padres, con lo cual se sujeta al clon permanentemente a la voluntad de los padres. La ironía de esta última situación, sin embargo, es que el clon no se convertirá en el mismo hijo que perdieron, ya que tanto el hijo como el clon son producto de mucho más que la genética. El clon será denigrado al no ser plenamente respetado y aceptado como una persona única, y los padres no podrán recuperar a su hijo perdido durante el proceso.

Resumiendo: La justificación de la utilidad es una base sustancialmente inadecuada para defender una práctica como la clonación. En otras palabras, mostrar que se producirá un buen beneficio, aun un gran beneficio, no es un argumento suficiente para justificar una acción. Si bien es fácil olvidar este punto básico al ser seducido por la promesa de un beneficio maravilloso, sabemos intuitivamente que es cierto. Reconocemos que podríamos, por ejemplo, cortar a una persona, llevar sus órganos para ser transplantados, y salvar muchas vidas como resultado. Pero no andamos haciendo esto. Nos damos cuenta de que si la acción que realizamos para lograr el beneficio es horrenda, los resultados benéficos no son suficientes para justificarla.

Por significativa que sea una crítica como esta de la justificación de la utilidad para la clonación humana, hay mucho más que decir. Porque aun cuando fuera un tipo de justificación adecuada –que no lo es–, dista mucho de quedar en claro que justificaría la clonación humana. Para justificar la clonación humana en base a la utilidad, todas las consecuencias de permitir su práctica tienen que ser consideradas, y no sólo los beneficios generados por las situaciones excepcionales que suelen citarse en su defensa. ¿Cuáles son algunas de las consecuencias de las que tenemos que ocuparnos? Hay espacio sólo aquí para indicar dos de las muchas que inclinan la balanza fuertemente en contra de la clonación humana.

Primero, como se sugirió antes, permitir la clonación es abrir la puerta a una posibilidad mucho más temible: diseñar personas genéticamente sin su consentimiento, no para su propio beneficio sino para el beneficio de personas específicas o de la sociedad en general. La clonación involucra producir una persona con cierto código genético por el atractivo o la utilidad de una persona con ese código. En este sentido, la clonación es sólo la punta de un iceberg genético mucho mayor. Estamos desarrollando la comprensión y la capacidad genética para modelar el código genético humano de muchas formas. Si permitimos la clonación, legitimamos en principio toda la empresa de diseñar niños que se conformen a los propósitos de los padres o de la sociedad. Como comentó un investigador en el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Dolly puede ser entendida mejor como un gota en una gigantesca ola (de investigación genética) que está por caer sobre nosotros. La destructividad personal y social de los esfuerzos de eugenesia a gran escala (incluyendo, pero de ninguna forma limitados a las de la Alemania nazi) ha sido considerable, pero al menos estuvo restringido a la fecha por nuestra comprensión y tecnología genéticas limitadas.12 Hoy hay mucho más en juego.

La segunda de muchas consideraciones adicionales que deben ser incluidas en todo cálculo utilitario sincero involucra la asignación de recursos limitados. Gastar recursos en el desarrollo y práctica de la clonación humana significa no gastarlos en muchos otros esfuerzos que serían más benéficos para la sociedad. Durante muchos años ya ha habido largas discusiones sobre el gasto del cuidado de la salud y la gran cantidad de personas (decenas de millones), aun en Estados Unidos, que no tienen un seguro de salud.13 También se ha determinado hace un tiempo que esta falta de seguro significa que un número considerable de personas están sin el cuidado de salud necesario y están sufriendo o muriéndose como resultado.14 Otra forma de observar necesidades acuciantes similares en el cuidado de la salud es estudiar las áreas específicas que más podrían beneficiarse de fondos adicionales.15 En la mayoría de estas áreas, el financiamiento inadecuado genera graves consecuencias en la salud porque no hay una forma alternativa de producir el resultado de salud básico en cuestión.

No sólo son los beneficios de la clonación humana menos significativos que los que podrían obtenerse mediante el uso de los mismos fondos en otros esfuerzos de cuidado de la salud, sino que hay formas alternativas de traer niños al mundo que pueden arrojar al menos uno de los importantes beneficios de la clonación misma de los niños. Si hubiera suficientes recursos disponibles para financiar cada tecnología necesitada o deseada por cualquier persona, la situación sería diferente. Pero la investigación y la práctica de la clonación humana resultarán en un serio sufrimiento y aun en pérdida de vidas porque otras necesidades acuciantes de cuidado de la salud no pueden ser cubiertas.

Una puerta abierta a las tecnologías de ingeniería genética no éticas y una asignación incorrecta de recursos limitados, entonces, se encuentran entre las numerosas consecuencias de la clonación humana que seguramente pesarán mucho más que los beneficios que lograría la práctica. Como se argumentó anteriormente, haríamos bien en evitar intentar justificar la clonación humana simplemente basándonos en sus consecuencias. Pero si nos vemos tentados a hacerlo, debemos ser sinceros e incluir todas las consecuencias y no ser influidos por casos excepcionales que parecen tan atrayentes por los beneficios especiales que lograrían.

Evaluar la autonomía

Muchas personas hoy están menos persuadidas por justificaciones de utilidad que por apelaciones a la autonomía. Si bien la preocupación por la libertad y la responsabilidad por la propia vida en esta forma de pensar es admirable, las justificaciones de autonomía tienen tantos defectos como las justificaciones de utilidad. Más específicamente, son egoístas y son peligrosas.

El término mismo mediante el cual se designa este tipo de justificación subraya su egoísmo. La palabra "autonomía" viene de dos palabras griegas, auto (que significa 'yo') y nomos (que significa 'ley'). En el contexto de la ética, las apelaciones a la autonomía significan literalmente que el yo es su propia ley ética, y que genera sus propias normas del bien y del mal. No hay ningún aliento, en esta forma de considerar el mundo, a considerar el bienestar de los demás, porque eso es irrelevante siempre que no me importe a mí. Si bien en teoría yo debería respetar la autonomía de otros mientras vivo mi autonomía, en la práctica una mentalidad autónoma me predispone a no preocuparme por cómo mis acciones afectarán a los demás.

Mientras las personas que hagan las elecciones autónomas tengan un buen carácter moral que las predispone a preocuparse por el bienestar de todos los demás, no habrá serios problemas. En Estados Unidos, a la fecha, la influencia sustancial del cristianismo, con su mandato de amar a otros sacrificialmente, ha impulsado a las personas a usar sus elecciones autónomas para favorecer los intereses de los demás, junto con los propios. A medida que las influencias cristianas en la vida pública, desde la política pública a la educación pública, continúan siendo erradicadas en nombre de la separación de la iglesia y el estado, el egoísmo de la perspectiva autónoma se volverá cada vez más evidente. Consciente o inconscientemente, los motivos egoístas y ruines surgen dentro de nosotros continuamente y, sin influencias que las contrarresten, no hay nada en una perspectiva autónoma que asegure que el bienestar de los demás será protegido.

Entonces, cuando reina la autonomía, los científicos, los familiares y otros están predispuestos a actuar en base a sus propias perspectivas autónomas, y el riesgo para los demás es real. Aquí yace el peligro del pensamiento basado en la autonomía, un peligro que es similar al que está vinculado con una perspectiva orientada hacia la utilidad. Proteger las elecciones de las personas es excelente, siempre que todas las personas estén en una posición comparable para hacer esas elecciones. Pero si algunas personas están en una posición muy débil económicamente, socialmente o físicamente, tal vez no puedan hacer uso de las mismas oportunidades, aun cuando bajo circunstancias más equitativas seguramente querrían hacerlo. En un enfoque basado en la autonomía, no hay ningún compromiso con la justicia, el cuidado o ninguna otra norma ética que pueda salvaguardar a los que tienen menos posibilidades de defenderse a sí mismos.

Una justificación basada en la autonomía es simplemente una base insuficiente para justificar una práctica como la clonación humana. En otras palabras, mostrar que una libertad sería de otra forma restringida no es un argumento suficiente para justificar una acción. Hemos aprendido esta lección de la forma más difícil, al permitir que la investigación científica avance sin trabas. El Código de Nuremberg fue el resultado de atrocidades en la investigación que se permitió que ocurrieran porque no se reconocía que hay otras consideraciones éticas que pueden ser más importantes que la libertad (autonomía) científica y personal.16

Si bien la justificación de la autonomía es defectuosa en sí misma, tenemos más que decir acerca de ella como una base para defender la clonación humana. Porque aun cuando fuera un tipo adecuado de justificación ética –que no lo es–, dista mucho de ser claro que realmente justificaría la práctica. Una evaluación sincera y completa basada en la autonomía de la clonación humana tendría que tener en cuenta la autonomía de todas las personas consideradas, incluyendo las personas producidas mediante la clonación, y no sólo la autonomía de los investigadores y de las personas que desean tener clones. Entre las muchas consideraciones que tendrían que tomarse en cuenta si se considerara seriamente la autonomía de los clones, el espacio sólo permitirá el estudio de dos aquí.

Primero, la clonación humana involucra un serio riesgo para la vida del clon. No hay ninguna forma plausible de llevar a cabo la clonación humana a esta altura sin una importante pérdida de vidas humanas. En el proceso de clonación de la oveja Dolly hubo 276 intentos fallidos, incluyendo la muerte de varios clones denominados "defectuosos". Un proceso alternativo para clonar monos agregó la destrucción necesaria de vida embrionaria a estos otros riesgos. Involucró transferir el material genético de cada una de las células de un embrión de ocho células a otros óvulos a fin de intentar producir ocho denominados clones (o, más correctamente, hermanos idénticos). La clonación subsiguiente de mamífero ha continuado las fatalidades y deformidades a gran escala que inevitablemente acompañan la investigación en la clonación. Si estas tecnologías experimentales fueran a ser aplicadas a seres humanos, la evidencia y los procedimientos mismos muestran que muchos embriones, fetos y bebés humanos se perderían –y muchos otros quedarían deformes– independientemente del proceso. Esta tragedia sería aumentada por el hecho de que es improbable que la investigación sobre la clonación humana esté limitada a un solo lugar. Más bien, estarían ocurriendo errores y pérdidas de vidas humanas similares casi simultáneamente en diversos sitios de investigación privados y públicos.

Normalmente, la experimentación en los seres humanos se permite sólo con su consentimiento explícito. (No hace falta señalar que es imposible obtener el consentimiento de un clon para que sea traído a la existencia mediante la clonación.) Una excepción se otorga a veces en el caso de un niño, incluyendo uno que está todavía en el vientre, que tiene un problema médico verificable que un tratamiento experimental podría curar o ayudar. Sin embargo, la clonación humana no está cubierta por esta excepción por dos razones. Primero, no hay ningún ser humano existente con un problema médico en la situación en la que un experimento de clonación humana sería intentado. Segundo, aun cuando eso no fuera un obstáculo, típicamente no hay ningún beneficio terapéutico significativo para el clon en los diversos escenarios para los que se ha propuesto la clonación. Para que el experimento fuera ético, tendría que haber un beneficio terapéutico para el clon tan enorme como para aventaje la probabilidad sustancial de la muerte o deformidad que ocurrieron en el experimento de Dolly. Proseguir con la clonación humana en este momento, entonces, involucraría un ataque masivo a la autonomía de todos los clones producidos, sea que vivan o mueran.

Hay, también, una segunda forma en la que la clonación humana entraría en conflicto con la autonomía de las personas más íntimamente involucradas en la práctica, es decir, los clones mismos. La clonación humana debilitaría radicalmente la estructura familiar y las relaciones del clon y, por lo tanto, estaría enfrentada fundamentalmente con sus intereses más básicos. Considere la confusión que surge aun con las relaciones más básicas involucradas. Los hijos que resultan de la clonación, ¿son en realidad hermanos o hijos de sus "padres" –en realidad los hijos o los nietos de sus "abuelos"? La genética sugiere una respuesta, y la edad, otra. Independientemente de cualquier resolución legal futura sobre este tipo de cuestiones, los niños clones (sin mencionar a otros dentro y fuera de la familia) casi sin duda experimentarán confusión. Dicha confusión afectará su bienestar psicológico y social –de hecho, su sentido de identidad mismo. También se producirán una gran cantidad de enredos legales, incluyendo problemas de herencia.

Esta situación es suficientemente problemática cuando está involucrada una familia claramente identificada. Pero, especialmente durante la fase experimental, identificar a los padres de los clones producidos en un laboratorio podría ser aún más difícil. El donante del material genético, ¿es automáticamente el padre? ¿Y qué ocurre con el donante del huevo en el cual se inserta el material genético? Si el material genético y el huevo simplemente se donan anónimamente para propósitos experimentales, ¿se convierte en padre el científico que los manipula y produce un niño a partir de ellos? ¿Quién brindará el amor y el cuidado necesarios para el embrión, el feto o el niño dañado que resulta cuando se cometen errores y es mucho más fácil simplemente descartarlos?

Según señaló el informe de la Comisión Asesora Nacional de Bioética de EE.UU. (repetido más recientemente por el informe del Consejo de Bioética del Presidente), la clonación humana "evoca imágenes de fabricación de niños según especificaciones. La falta de aceptación que esto implica para los niños que no logran desarrollarse de acuerdo con las expectativas, y la dominación que introduce en la relación padre-hijo es considerado por muchos como enfrentado fundamentalmente con la aceptación, el amor incondicional y la apertura que son característicos de los buenos padres".17 "Simplemente no tiene sentido", citando a Ian Wilmut, quien se opuso enérgicamente a la clonación humana luego de haber tenido éxito en producir el clon de oveja, Dolly.18 Se le unió el presidente Clinton de Estados Unidos, quien rápidamente prohibió el uso de fondos federales para la investigación sobre la clonación humana, y por la Organización Mundial de la Salud, que inmediatamente rotuló a la clonación humana como éticamente inaceptable.19 Su reacción coincide con muchos que típicamente quisieran "tener" un clon pero no quisieran "ser" uno. ¿Cuál es la diferencia? Es el reconocimiento intuitivo de que mientras la opción de la clonación podría ampliar la autonomía de la persona que produce el clon, socava la autonomía del clon.

Así que la justificación de autonomía, como la justificación de utilidad, es mucho más problemática de lo que parece ser inicialmente. Nos convendría ni siquiera intentar justificar la clonación humana apelando a este tipo de justificación por sus deficiencias inherentes. Pero, si la vamos a invocar, debemos ser sinceros y prestar una atención especial a la autonomía de la persona más íntimamente involucrada en la clonación: el clon. Las apelaciones específicas a la "libertad" o a la "elección" pueden parecer persuasivas. Pero si sólo se está considerando la autonomía de personas aparte de los clones, o solo un aspecto limitado de la autonomía del clon, entonces este tipo de apelaciones debe ser rechazado.

La justificación del destino

Según se señaló al inicio del capítulo, hay un tercer tipo de justificación propuesto para la clonación humana, que nos lleva más explícitamente al mundo de la reflexión teológica: la justificación del destino. Mientras que otros argumentos teológicos contra la clonación han sido propuestos en la literatura a la fecha,20 muchos de ellos están relacionados de alguna forma con la cuestión del destino. Según esta justificación, forma parte de nuestro destino dado por Dios ejercer el control completo sobre nuestro proceso reproductivo. De hecho, Richard Steed, en una de sus primeras entrevistas de fondo, luego de anunciar sus intenciones de clonar seres humanos comercialmente, planteó justamente este argumento.21 Un teólogo menor, el presidente Clinton, ofreció el punto de vista opuesto al emitir la prohibición de la clonación humana. En vez de considerar a la clonación como el destino humano, lo rechazó por "jugar a ser Dios".22 Sea que consideremos que es prudente tomar nuestros puntos de vista teológicos de estas personas o no, ¿cómo debemos considerar la justificación del destino mismo? La clonación humana, ¿está de acuerdo con los propósitos de Dios para con nosotros?

Para comenzar, ciertamente hay problemas con jugar a ser Dios de la forma que quisieran que actuáramos los proponentes de la clonación humana. Por ejemplo, Dios puede tomar en cuenta consideraciones de utilidad y autonomía de formas que no pueden hacer las personas. Dios conoce el futuro, incluyendo cada consecuencia de cada consecuencia de todas nuestras acciones, y las personas no. Dios ama a todas las personas por igual, sin prejuicios, y está dedicado a comprender y proteger la libertad de todos, y puede hacerlo; las personas, no. Más aún, hay otras formas en que la búsqueda de utilidad y autonomía son preocupantes desde una perspectiva teológica.

La utilidad de la clonación humana, ante todo, está en que podemos obtener algún beneficio de producir clones. Pero usar a otras personas sin su consentimiento para nuestros fines es una violación de su condición de seres creados a la imagen de Dios. Las personas tienen una dignidad dada por Dios que nos impide usarlas como meros medios para lograr nuestros propósitos. Sabiendo que las personas son creadas a la imagen de Dios (Génesis 1:26, 27), los escritores bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, invocan periódicamente esta verdad para argumentar que los seres humanos no deben ser denigrados de distintas formas (ej: Génesis 9:6; Santiago 3:9). Dado que nunca se dice que las plantas y los animales son creados a la imagen de Dios, no es sorprendente que puedan ser tratados de formas (incluyendo matándolas) que nunca serían aceptables si estuviésemos considerando personas (comparar Génesis 9:3 y 9:6).

Una justificación de la clonación humana basada en la autonomía no es más aceptable que una justificación basada en la utilidad, desde una perspectiva teológica. Algunos escritores cristianos, como Allen Verhey, han sido muy útiles al señalar que la autonomía, entendida de una forma particular, es un concepto bíblico legítimo. Según explica, bajo la soberanía de Dios, reconocer la autonomía de la persona puede ayudar a asegurar el respeto y el trato adecuado de personas hechas a la imagen de Dios.23 Sin embargo, hay un riesgo aquí, porque la ética popular de la autonomía no tiene lugar para Dios en ella. Es la autonomía "sobre" Dios, y no la autonomía "bajo" Dios. El desafío es afirmar la importancia crítica del respeto por los seres humanos y por su libertad y responsabilidad para tomar decisiones que afectan profundamente su vida, pero reconocer que dicha libertad requiere de Dios. Más específicamente, este tipo de libertad requiere el marco en el cual la autonomía está debajo de Dios, no sobre Dios, un marco en el cual el respeto por la libertad no es solo una expresión de deseos o un pensamiento conveniente que cede apenas los individuos o la sociedad como un todo tienen más para ganar al desestimarlo. Debe estar arraigado en algo que inevitablemente e invariablemente "es". En otras palabras, debe estar arraigado en Dios, en la creación de seres humanos a la imagen de Dios.

Dios es el creador, y nosotros adoramos a Dios como tal. Por supuesto, las personas son creativas también, por ser imágenes de Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre la creación de Dios de seres humanos, según lo describe el libro de Génesis, y la procreación humana que ocurre a diario en todo el mundo (también ordenado por Dios en Génesis)? La creación es "ex nihilo", de la nada. Eso significa, en el primer sentido, que Dios no reacomodó simplemente materiales existentes. Dios realmente trajo a la existencia un universo material donde nada había existido antes siquiera. Sin embargo, la creación "ex nihilo" de Dios sugiere algo más. Sugiere que no había un programa fuera de Dios que Él estaba siguiendo, nada afuera de Dios que indicaba cuáles eran las opciones aceptables. Cuando llegó el momento de la parte humana de la creación, Dios nos creó de la forma que Él consideró mejor.

No es ningún accidente que llamemos lo que hacemos cuando tenemos hijos "procreación". "Pro" significa "para" o "de aquí en adelante". Ciertamente traemos hijos "de aquí en adelante". Pero el significado más profundo aquí es "para". Traemos nuevos seres humanos al mundo "para" alguien o algo. Para ser específicos, continuamos la línea de seres humanos para Dios, de acuerdo con el mandato de Dios para la humanidad al principio de "fructificar y multiplicarnos" (Génesis 1:28). También creamos para las personas que ayudamos a traer a la existencia. Ayudamos a darles vida, y ellas son las más afectadas por nuestras acciones. Lo que es especialmente significativo acerca de esta "procreación", esta "creación para", es que, por su naturaleza misma, está sujeta a un programa exterior, principalmente al programa de Dios y secundariamente a las necesidades del niño que está siendo creado.

Desde este punto de vista, la mentalidad de la clonación humana es tremendamente problemática. Con auténtico orgullo afirma el derecho de crear antes que de procrear. No busca en Dios la forma que Él ha establecido para que los seres humanos sean procreados y criados por padres y madres que son la fuente secundaria, es decir genética, de su vida; ni tampoco considera principalmente las necesidades de quien es procreado. Como hemos visto, busca principalmente las preferencias propias del clonador o las del sistema de valores que uno escoge priorizar, sea cual fuere (tal vez el "bien de la sociedad", etc.). En otras palabras, quienes operan desde la mentalidad de la clonación humana se ven a sí mismos como el Creador antes que procreadores. Este es el tipo de aspiración a ser Dios por el que Dios ha castigado continuamente a las personas, y por el que Dios ha terminado causando destrozos en muchas sociedades y civilizaciones.

Leon Kass ha señalado que hemos usado tradicionalmente la palabra "procreación" para tener hijos porque hemos considerado al mundo, y la vida humana en particular, como creado por Dios. Hemos entendido nuestra participación creativa en términos de y en relación con la creación de Dios.24 Hoy cada vez nos orientamos más hacia el mundo material que hacia Dios. Nos impresiona más el producto nacional bruto que la creación original. Así que solemos hablar más frecuentemente en términos de reproducción más que de procreación. Y, al hacerlo, asociamos a las personas más estrechamente con las cosas, con los productos, que con el Dios de la creación. Con razón nuestro respeto por la vida humana se está deteriorando. Nos convertimos más en aquello con lo que nos asociamos. Si continuamos por esta senda, si nuestro destino es clonarnos a nosotros mismos, entonces nuestro destino es, también, y en última instancia, perder todo respeto por nosotros mismos, por nuestra cuenta y riesgo.

Las afirmaciones acerca de la utilidad, autonomía o destino, entonces, son tremendamente inadecuadas para justificar la clonación humana. De hecho, una mirada cuidadosa a cualquiera de estos tipos de justificación muestra que brinda razones convincentes, en cambio, para rechazar la clonación humana. Pararse y decirlo podría volverse cada vez más difícil en nuestro "mundo feliz". A medida que la cultura promueve cada vez más la producción y la autoafirmación, se requerirá valentía para insistir, en el nuevo contexto de la clonación, que hay algo más importante. Pero una "palabra feliz" de este tipo, haciéndonos eco la Palabra de antaño, es una que debemos tener la osadía de hablar.


1 Bette-Jane Crigger, ed., Cases in Bioethics, 2nd ed. (New York: St. Martin's Press, 1993).

2 Ver National Bioethics Advisory Commission, Cloning Human Beings: Report and Recommendations of the National Bioethics Advisory Commission, June 1997.

3 Ian Wilmut et al., "Viable Offspring Derived from Fetal and Adult Mammalian Cells", Nature 385 (1997): 810-13.

4 Peter Kendall, "Image of Human Cloning Proponent: Odd and Mercurial," Chicago Tribune, 11 January 1998, p. 6.

5 "Europe Moves to Ban Human Cloning," Bulletin of Medical Ethics, January 1998, pp. 3-5.

6 El presidente Clinton dio su directiva a los Institutos Nacionales de Salud el 2 de diciembre de 1994, y la acción del Congreso (PL104-91/PL104-208) entró en vigencia con el presupuesto del año fiscal 1996.

7 Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos (aprobado el 19 de noviembre de 1998).

8 Rick Weiss, "NIH to Fund Controversial Research on Human Stem Cells," Washington Post, 20 January 1999, p. A2. Ver la crítica ética en www.stemcellresearch.org

9 The President's Council on Bioethics. Human Cloning and Human Dignity: An Ethical Inquiry. July 2002.

10 Los rótulos "deben ser definidos con precisión y relevancia. Deben ser aplicados con exactitud. Y deben conducir a un tratamiento que sirve al bienestar de quienes son rotulados". Ver Ralph B. Potter, "Labeling the Mentally Retarded: The Just application of Therapy," en Ethics in Medicine, ed. Stanley J. Reiser et al. (Cambridge, Mass.: M.I.T. Press, 1977), pp.626-31.

11 Leon R. Kass, "The Wisdom of Repugnance: Why We Should Ban the Cloning of Humans," Valparaiso University Law Review 32 (spring 1998): 679-705.

12 Ver Arthur J. Dyck, "Eugenics in Historical and Ethical Perspective," en Genetic Ethics: Do the Ends Justify the Genes? ed. John F. Kilner et al. (Grand Rapids: Eerdmans, 1997) pp. 25-39.

13 Ver las discusiones en John F. Kilner et al., eds., The Changing Face of Health Care: A Christian Appraisal of Managed Care, Resource Allocation, and Patient-Caregiver Relationships (Grand Rapids: Eerdmans, 1998).

14 Office of Technology Assistance, Congress of the United States, Does Health Insurance Make a Difference? (Washington, D.C.: U.S. Government Printing Office, 1992).

15 Hay numerosos informes de la Organización Mundial de la Salud y de UNICEF en particular que documentan las necesidades no cubiertas actuales. Las proyecciones de los gastos de cuidado de la salud de EE.UU. sugieren que necesidades significativas en Estados Unidos y otros países persistirán bien en el futuro. Ver Office of the Actuary, U.S. Health Care Financing Administration, "The Next Ten Years of Health Spending: What Does the Future Hold?" Health Affairs (September-October 1998).

16 Arthur J. Dyck, "Lessons from Nuremberg," en Ethics in Medicine, ed. Jay Hollman and John Kilner (Carol Stream, Ill.: Bridge Publications, 1999). Ver también la discusión clásica en Leo Alexander, "Medical Science under Dictatorship," New England Journal of Medicine 241 (July 14, 1949): 40-46; cf. Arthur L. Caplan, ed., When Medicine Went Mad: Bioethics and the Holocaust (Totowa, N.J.: Humana Press, 1992).

17 National Bioethics Advisory Commission, p. 69.

18 Él luego amplió sus preocupaciones por la clonación humana en su artículo "Cloning for Medicine," Scientific American 279 (December 1998): 58-63.

19 "WHO Adopts Resolution Against Cloning Humans," Reuters News Service, 16 May 1997.

20 Ver, por ejemplo, los ensayos de 1998 en la revista Ethics & Medicine, incluyendo los de C. Ben Mitchell (vol. 14:1) y John Grabowski (vol. 14:3). Ver también la colección de ensayos en el número de primavera de 1998 de Valparaiso University Law Review (vol. 32:2), que contiene artículos de personas como Gilbert Meilaender y Daniel Heimbach.

21 En el programa de ABC Nightline, 7 de enero de 1998.

22 Este lenguaje fue afirmado explícitamente en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1998.

23 Allen D. Verhey, "Playing God," en Genetic Ethics: Do the Ends Justify the Genes? pp. 60-74.

24 Leon Kass, Toward a More Natural Science (New York: Free Press, 1985), p. 48.